Poemas de Mariposa del Castillo

A LA SOMBRA DE UN SUEÑO,
Doble O Producciones, 1992. 

Se produjo un atentado en mi cerebro, con ojos de cocodrilo,  

con manos de Van Gogh;  

aspas de molino eran sus brazos, irreconocibles, como irreconocible era  

su olor a desagüe o sifón, de exquisitez sin límite,  

fragancia de sexo a las tres de la tarde. 

Violín exánime, reproducía mi pánico con sus dedos azules.  

¿Qué querría decirme con su aguardentosa furia disimulada,  

con la púrpura desazón de su espíritu, espíritu diabólico,  

cansado en los mediodías de este Quito depravado? 

Llevaba la luna bajo sus pies, astro, igualito que su cerebro, pordiosero o burgués traumatizado. 

Me tragaría mis tripas por tanto extrañar su delgadez  

Cubriéndome como coraza;  

donaría mis muslos, pondría en oferta mi desnudez;  

me convertiría en prostituta, vendiendo no sólo lo de fuera  

sino lo de adentro también. 

Huyo de la agonía diaria,  

de la mano clandestina por encima de tu pantalón,  

del café desabrido del bar,  

del miserable cigarrillo deshilando tus pulmones. 

Tus dolores me duelen a mí, soy tu cadáver,  

soy el cadáver que desecha al amanecer tu infelicidad sonriente. 

Con trocitos de guitarra me regalabas pesadumbre  

o voces destempladas que yo amaba. 

Amor tan vulgar, tan poético o cursi, puerta en medio del desierto. 

Acabo de salir del útero de mi madre y naufragando  

en el ocaso de tus dientes te grito,  

¡me desespero, deja de maldecirme!  

Abandona esa pasividad sin fin con la que me contemplas, no soy el artefacto que duerme junto a ti por las noches, o la pared en la que te orinas.  

Fruto de mi drogadicción son las fantasías en donde te encierro,  

niñito, sol chiquito, ¿qué eres? 

Cualquier máscara servirá para vivir suspendida en la retina de tus ojos. 

La gente me dice que me cuide de vos, ¿qué creerá la gente? 

¿Que eres un ser paranoico sadomasoquista? 

Sólo ven lo de afuera, sólo ven tu ropa o tu cabello,  

les importa un pepino tu dulzura  

o tu lucha contra el mundo salvaje en el que vives;  

les intriga cómo duermes o con quién.  

Y si les cuentas que te acuestas con tu mismo sexo se ofenden… 

¿Qué querrán estos seres? ¿Qué les interesará saber? 

¿Con qué maquinaciones extravagantes pretenderán hundirte? 

Te ven maléfica, degenerada, estéril. 

¿Como me verán a mí? 

ENEMIGOS TUYOS ME CANTAN AL OÍDO 

Aquí estoy, Luna, 

recibiendo mi propio concierto, 

comiéndome mi propia sed 

y mi hambre; 

gotas de tristeza en medio de la alegría 

que tú me regalaste este día… 

este día feliz 

con tu fantasma en la espalda. 

¿Por qué no vienes, Luna 

y te sientas junto a mis rodillas 

abandonadas? 

No hagas esperar más a tu admiradora. 

¿No ves que te amo desde lo más profundo 

de mi cuerpo húmedo? 

Quiero salir corriendo; 

amarrar estas lágrimas  

para que él no las vea 

en mis mejillas; 

quiero salir corriendo, 

Luna, 

y abrazarle, 

porque esta guitarra 

me embriaga, 

me recuerda tu risa dulce 

y tu perfume. 

Pero me quedo aquí, 

en medio de este viento helado, 

porque sueño que este viento 

son tus manos. 

Cuánta dulzura puede encerrar  

una guitarra, Luna! 

Y yo no alcanzo a sacarle el alma.

BETTY 

A mi madre 

Mañana te cuento querida 

que esta noche soñé en palomas 

y guirnaldas de miel, 

flores, jardines y palacios 

amarrados entre nubes, 

cuentos de gaviotas 

y luces mermeladas 

de cerezas; 

costas, 

límites de escarcha 

salidos de tus ojos; 

tu canción oxidada, 

tibia 

me emancipaba la razón 

y los temores; 

en medio de mi sueño 

un derrame dislocado 

de gemidos tuyos, 

híbridos de mariposa y ciervo; 

tú, incubando mi crisálida, 

lamiendo tu placenta, 

inaugurando un paraíso, 

celebrando una ocasión 

algo no concebido, 

algo incrustado en tu vientre; 

algo inconsciente, 

rechazado, 

fatuo; 

metal incorruptible, 

incógnita huérfana, 

huraña huella en tus pupilas, 

homenaje hostil de tu cariño, 

raciocinio, fuga: 

canción de mediodía, 

tú. 

Has dado a luz una montaña, 

homicidio tuyo. 

Acoges mis gruñidos, 

generosa. 

Y yo, 

por esos veinte años  

de maleficio y zozobras, 

Te Amo. 

CUERPO DE LUNA, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1994. 

TIEMPO DE MARIPOSAS 

Si yo fuera un poco más valiente iría hacia tu cara y te diría  

que te amo con toda esa locura de los poetas cursis de los años ’30;  

con ese amor decapitado que nace de un árbol del bien y el mal. 

Que me estrello cada noche contra ese muro hermético que tu  

cotidianamente refuerzas. 

¿Cuántos gusanos han anidado tras ese muro? 

¿Cuántas madreselvas han construido fugitivamente sus casas  

entre los ladrillos? 

Extraño tu soleada compañía periférica de grillos y aceites coloreados. 

¿Cómo es que no alcanzas a comprender semejante aliteración? 

¿Qué maldad he cometido para que te ocultes tras la espesura virgen? 

Ya no soy tu reflejo de luna. Ya ni siquiera a claridad salada llego. Soy terriblemente fea y común para que me dediques una sonrisa de las que conoces. 

¡Qué terrible es saber que aún me quieres, y que esa es tu mayor mentira! 

TELARAÑAS, DEPUÉS HUMO 

Se fue la mariposa azul limón naranja espera; 

se fue soñando que tú tal vez extrañarías 

su paso espeso inerte lágrima. 

Hoy mi voz tiembla. 

No he fabricado versos sino desatinos 

de mujer caótica. 

¿Te conté lo del elefante rosado? 

Es simple. 

Comienzo por hablarle al viento 

y te me atraviesas tú. 

¿Por qué no revientas, 

o te mueres, 

por qué no desapareces de mi camino chueco, 

o por qué no me amas? 

LA CUARTA LLUVIA 

Con un beso dijo adiós. 

Me toma de la mano, 

somos dos extraños. 

Quisiera decirte tantas cosas. 

A veces me siento como un pedacito de mujer. 

Tristeza azul, 

hombre azul, 

canción azul, 

burla azul, 

estupidez azul, 

mierda, 

muerte azul. 

VERSOS CULPABLES 

Es la luna la que me enamoró, se posó en mis hombros y lamió mi sexo  

con la furia de otra mujer, con la lascivia de un hombre,  

pero era la luna traviesa, 

la que ocultaba sus dedos dentro de mí, como queriendo deshilacharme, volverme migajas. 

Era la luna fastidiosa la que se comía mis orejas, hasta hacerme sangrar… 

Me llevó a jugar en su jardín, me dejó ensimismada en su aroma, en su color. 

Sueño con ella por ser la mujer que me ha amado con la mayor ternura;  

para ella yo no era solamente un cuerpo, un pedazo de carne para una noche, no era yo su fin ni su meta. 

La ternura era su religión. 

Lloré cuando terminó. Ella vivía en la ciudad hundida. 

Mi sexo estaba cerrado, pero no muerto. Te olió y se abrió para recibirte. 

Luna abierta y maltratada, me ama en la azotea. 

SANTUARIO DEL VOYEUR, publicado con el poeta León Sierra, Casa de la Cultura ecuatoriana, 1995.

 Porque me asfixia tu espina  

voy a clavarme en otro alacrán. 

Conscientes del desafío de la luna, 

y del aniquilamiento terráqueo, 

beso tus pezones, Luna; 

me siento una puta, 

una rata, 

una aguja. 

Me bebo tu delirio noche, 

por ser mi espejo el que me corrompe. 

Leo el periódico, 

dice que hoy el azul ha hecho eclipse 

sobre el rojo, 

y ambos se hallan estacionados y pegados como dos perros copulando. 

El asterisco en media página: 

Cuba desangrada. 

No hay lamentos esta noche 

todo es lluvia. 

Te acurrucas nerviosa  

frente a la magnolia, 

a esa calma de quebrada, 

al aroma de enredadera 

y te adviertes reposada. 

Te acurrucas feliz. 

Salgo a la calle y es inevitable 

este derroche de estupideces 

que invento 

que imagino 

que veo. 

Es inevitable advertir que la calle  

no es mi sitio. 

Pura mierda. 

Puros inversionistas. 

Puros capitalistas. 

Puros anticomunistas. 

Puros ateos. 

Y yo. 

* 

Pinche camión 

que me destrozaste, 

pinche tranvía 

que me aplastaste como a pulga. 

Pinche espejo 

que mostraba mis desnudas roturas. 

Pinche soledad de mierda 

siempre recorriéndome. 

Pinches dictadores 

apoderándose de mi México 

tan lindo y tan chingón. 

Pinche tequila 

que ya no me calma los dolores. 

Pinche mierda de vida 

que me heriste. 

Pinche vida que te amo. 

SANTUARIO DEL VOYEUR, Revista Eskeletra 
de creación literaria, Quito, 1996.

A Frida Kahlo 

Esta mañana pensaba en ti, 

y apenas terminé de pronunciarte 

apareciste en la papelería; 

bella 

con tu collar de hueso 

y abrazada a un mono… 

No decías nada, 

sabías que te llevaría conmigo, 

cabrona. 

Sabías desde el primer día que te amaría, 

hija de puta… 

Sabías que estarías siempre  

en este cuerpo que traduce 

tus lágrimas, 

tus lamentos 

de mujer mártir. 

Decir te amo es no decirte nada. 

Pero eso sí, déjame decirte, 

Frida, 

que estás prendida en mí como un clavo oxidado. 

Ya me has llenado de tu cáncer, 

de tu gangrena. 

Ya no respiro si no es tu olor 

a muerte, 

tu olor antiguo. 

Ya no soy más que un estúpido  

reflejo tuyo. 

Te moriste, sí; 

pero la imagen que dejaste en el espejo 

soy yo. 

CARTAS ANTES DE MORIR, 1999, Inédito. 
(Este libro nunca vio la luz porque cambié de planeta. Pero algunos de sus textos forman parte de mi historia)

ANGEL DE LA BASURA 

Ángel de la basura, yo soy tu maga. 

La de la espalda verde musgo, 

la víctima de tu amor occiso. 

La que vuela como caballo alado 

sobre tu lumpen antiguo. 

Yo me como todos los senos 

que has besado. 

Te curo los poemas y los muertos. 

Yo me clavo en esos dedos fantasmas de nicotina 

para descansar mis pechos negros. 

Déjame tu cadáver para masturbarme. 

Ven y fecúndame un mártir, 

un poeta exangüe dentro de mí. 

Ven oscuro ángel, 

ángel beodo y triste. 

Alas descascaradas de sol y humo. 

Ciego intemporal. 

Aquí, mi horizonte es nieve 

y tú no has visto nada. 

Te dejo solo. Te abandono. 

Ojos malditos sin color. 

Voy a herirme en una puerta, 

en una esquina, en un olor. 

Porque la vida es verde con hongos verdes. 

Nada en ningún lado, 

solo corredores inmensos, 

escaleras que no llegan a ninguna parte. 

Sangre en todas las gradas de mí. 

Nada. Como después de la guerra. 

Ni los muertos. Nada. 

No soy yo quien te habla. 

Yo morí hace un siglo. 

Somos dos cadáveres. 

De sal, de maíz, de sombra amarga. 

Llora en mi cementerio. 

Riégame de polvo. 

*

¿Será que sobrevivo a este infierno? 

Qué difícil dejarte que duermas, 

yo que quiero transgredir tu solitario de sábanas 

en el más atómico de tus momentos. 

Sóbrame un poco de vos en esta noche 

un semi-ángel pendiendo entre la ebriedad y la razón. 

Extrae del armario su falo profundo con olor a vos y se lo introduce en la ratonera. 

Hace una pausa luego del último orgasmo, 

su terquedad le hace buscarte otra vez en el espejo. 

Miedo de la sangre azul 

se empoza en su cerebro, 

impide volar. 

Hace frío en el verano de esta noche de Quito. 

Ciudad puta. 

Quisiera no verte nunca más. 

Mañana tendré ojeras, serán verdes, como sus uñas. 

Alrededor suyo bailo una danza de muerte. 

Adiós. 

*

Para mi amigo Luis Eduardo Aute 

Cuántas cosas pueden nacer de la tristeza y el frío. 

Hasta el corazón más optimista se enfriaría con estas noches quiteñas,  

no se diga una simple y transparente mujer. 

Si miras el corazón de estos lloros con sabor andino, 

hay una nostalgia que me supera los talones. 

Tú, con tu voz de café parisino, lo dirías más poéticamente,  

pero así hay días, los dedos no sacan nada maravilloso,  

el cerebro no funciona más que para apoyarlo en la almohada, 

voltearse al sueño y olvidarlo todo. 

Estoy tan patética que ni yo misma me soporto, 

pero para qué están los amigos sino para acompañarnos,  

sobarnos el cerebro a ver si pensamos. 

Yo preferiría más palabras tuyas,  

más bocas dibujadas con negro, 

tus fantasmas. 

Envíame de tu archivo poético algo para rescatarme del agujero,  

de lo amargo de la vida, de las ganas de cambiar de nombre, apellido y profesión. 

Ojalá no te salte a la cara este sapo húmedo del desencanto que ahora llevo. 

Me nace de vez en cuando,  

me hace parir engendros. 

Por qué no vienes esta noche maldecida a tomarte un café conmigo, 

a enseñarme la magia que sale de tus dedos de un metro. 

Imposible, estamos demasiado lejos. 

No me soporto hoy, 

voy a ver si cambio de color o si madrugo 

para que el miedo se quede atrapado en las sábanas.

CARTAS ANTES DE MORIR  
Publicado en Poesía erótica de mujeres, Antología del Ecuador, Mayor Books, 2001.

NUNCA EXISTIO EL AMOR, SOLO LA CARNE 

Saco todos mis huecos al sol, 

danzan en el patio mis dolores y la gente que amé. 

Baila sobre mi cabeza negra, la lluvia mestiza, 

la sombra de este sol rojo de abril, 

la soledad de mi vientre, que cada vez me duele y llora. 

La música con fantasmas húmedos. 

Violencia del sexo descubierto temprano y al apuro; 

sexo furtivo y sangrante en una noche agónica, 

resplandeciente de miedo y sudores. 

Nunca existió el amor, 

solo la carne. 

LA NOCHE, Indigo éditions, Paris 2008 

La Noche 

Los muertos tienen aroma de vejez, 

como los libros que se apilan en cartones. 

Los ojos de los muertos son estériles. 

En ellos guardan todas las miserias 

de este mundo. 

Los ojos de los muertos tienen secretos grandes 

como las casas de los dueños de nuestra pobreza. 

Con grandes entradas, 

con parqueaderos. 

Esos ojos son los ojos del destino. 

Sin mucha alegría, sin ninguna creencia. 

Los ojos de los muertos me miran, me observan. 

Son como faroles que ennegrecen mis pesadillas. 

Esos ojos yo los conozco. 

Hablan conmigo, aunque no tienen boca. 

Gritan las verdades del mundo 

aún sin tener inteligencia. 

Estos ojos son criminales 

porque guardan la desgana, 

el asco, la podredumbre. 

Estos ojos son esclavos porque encierran  

el miedo, 

el odio, la violencia. 

Esos ojos ya no tienen misterio, 

ni sombra, ni silencio. 

Ya no dicen nada del dolor, 

ni de la risa. 

Ojos muertos de todos 

los muertos queridos. 

Irremediablemente secos. 

Tengo pensamientos criminales,  

atroces, decadentes, 

asquerosos, asesinos, lívidos. 

Tengo rabia de pertenecer a esta raza humana, 

con todas sus taras, sus desatinos 

y su podredumbre. 

Hastío de levantarme cada día 

y mirarme al espejo. 

Tomar el metro, caminar, 

saludar al mundo, soportar al resto. 

Imaginar cosas lindas, 

tener nostalgia del pasado. 

Hacer como si no pasara nada. 

Responder a las preguntas estúpidas. 

Martirizar mi cabeza con recuerdos. 

Soñar bobadas. 

Escribir. 

Creer en los revolucionarios. 

Protegerme del resto. 

Aparentar ser común. 

Decir sí o no. 

Tomar decisiones. 

Ser discreta. 

Es una mierda esta vida 

y no tener el coraje de desaparecer. 

Camino por esta enredadera podrida  

a la que llaman vida. 

Perdí a mi hermano, a mi hijo, a mi perro. 

Vivo en un planeta que no es mío. 

Aprendí un idioma nuevo 

para olvidar mis orígenes vergonzosos. 

La raza que me procreó es una mezcla  

de miseria y robos. 

Raza conquistada, 

sin ninguna herencia y raza conquistadora, 

sin ningún conocimiento. 

¡Linda mezcla! 

Arrastro conmigo los quinientos años  

de martirio humano 

y el orgullo de unos que se dicen europeos. 

Quién puede soñar llegar a ser alguien  

con toda esa basura  

diseminada en el cuerpo. 

Las huellas de los fantasmas amados  

nos persiguen hasta en los países no vividos. 

Una piedra o un trozo de árbol  

pueden traernos la memoria del que ya no está. 

Estiramos la mano y tocamos el miedo 

de saber que no les volveremos a ver. 

Extrañar es un verbo tan conocido  

por nosotros. 

*

Para mi hija Luna Maysumak 

En mi vientre flotan palomas. 

Nacen mariposas, 

anidan escorpiones sin veneno. 

La luna me ha fecundado  

en una noche sin tiempo. 

Mi vientre hace reverencia  

y se burla de los muertos. 

Mi carcajada vence su desgano 

Y su desprecio. 

Absorbida por la lluvia 

floto en un mar de aguas serenas. 

Mi vientre explota 

Y entra las aguas 

Viene una sirena. 

Cuerpo de Luna y publicado en la Antología Poetas de la Mitad del mundo, el Ángel Editor, 2013.

LIEBE, ICH WARTE AUF DICH  

¡Qué hermoso es tu sexo, largo como el viento de los molinos! 

Lo recorro con mis dedos de carbón; remuevo tu vientre, mojando tu cuello con mis cenizas; devorando cada poro de tu piel de mármol. 

Desnudas las enredaderas. Se deslizan tus semillas por mis rodillas; me adhieres a tu espalda con sudor. 

Para amarme no hay paciencia más grande que la tuya. 

POEMAS INÉDITOS, Paris 2021 

Soy hija del asfalto. 

Nací en una ciudad de Latinoamérica y viví en ella toda mi vida, entre el smog y el cemento. 

Amaba esa ciudad contaminada, sus calles peligrosas y empinadas, sus terrazas estrelladas. 

Amaba esa ciudad y soñaba perderme en sus galaxias.  

Malgasté mi tiempo en los laberintos de su zona antigua. 

A veces me atacaron los delincuentes y tuve miedo en sus barrios coloniales. 

Sobreviví. 

Escapaba de ella, pero siempre regresaba. Le traicionaba en capitales más desequilibradas: México, Bogotá, la sensualísima Habana… 

No necesité al psicoanalista para curarme de mis traumatismos de la infancia. 

Yo solita me curé con arte y poemas salvajes. 

Recorrí urbes repartiendo en muros mis poemas, acompañada de otros poetas igualmente sombríos. 

Las ciudades nos recibían sorprendidas, a veces burlonas o con infinito calor humano. 

Después atravesé el Atlántico, sin miedo, curiosa. 

Y de nuevo las metrópolis, ahora sí, con historias oscuras, más sombrías que mi propio pasado.  

Soy hija del asfalto, mi sangre palpita en los faroles y en los puentes.  

Tengo micropartículas en la piel, plástico en las venas, tatuajes en el alma, reflejos de mil ciudades. 

RETRATO 

¿Qué edad tengo?  

Hoy tuve una visión. 

Me veo jugando en el jardín de La Gasca. 

Veo dentro de mí a las profetas y las mujeres de mis vidas anteriores. 

Recuerdo una ciudad latinoamericana donde me señalaron con el dedo: 

¡Poeta con alas! 

Fui Venus, campesina, diosa, sacerdotisa. 

Niña modelo, meretriz, bruja. 

Viví ya más de dos siglos. 

Encadenada a este cuerpo. 

Estuve en escuela de monjas y terminé atea. 

Me encontré en campos recogiendo maíz y en templos mi sangre se ofreció a los dioses en época de Viracocha. 

Viví con varios hombres y tuve varias amantes. 

Reí, sufrí, fui maltratada y amada. 

Fui creadora y asesina. 

El fuego me devoró mil veces y renací en este siglo para seguir sembrando colores, atrapando sueños en papeles. 

Cada vez más despierta 

camino de la iluminación … 

MUJERES 

Las mujeres se pierden, se encuentran, se descubren.  

Las mujeres se enlazan con otras, se asquean, se aman.  

Las mujeres aman a los hombres, les odian, les perdonan, les olvidan. 

Las mujeres se vuelven madres, viudas, brujas.  

Las mujeres hacen daño a otras. Son estúpidas, egoístas, mezquinas.  

Las mujeres son solidarias, adorables, benditas. 

Algunas descubren su naturaleza de diosas y asumen sus poderes. 

Otras se quedan pobres y sumisas, víctimas de sus anónimos verdugos. 

BACK IN PRESENT  

(Atentados en Paris, noviembre 2015) 

De vuelta a la realidad. 

El momento mismo en que respiro, 

Otras vidas destruyen la vida. 

La violencia. 

La guerra avanza como un cáncer. 

Los homosexuales maltratados. 

Las mujeres maltratadas. 

Somalia muere de sed. 

El mundo enfermo… 

Regreso a la prisión, 

Atrapada en el momento presente, 

Respiro. 

EPÍLOGO 

Cuando yo muera, sonarán estas notas recorriendo los espacios de mi cuarto de colores.

En cada rosa seca de mi taller agonizarán las voces que ahora me seducen. 

Será como el llanto fúnebre de lo no consumado, 

mis semillas desperdiciadas, los poemas inconclusos, los amores que no llegaron a ninguna parte, mi vientre con dolores que vinieron a meterse en mí como parásitos. 

El llanto de los que me amaron será lento y largo, empinado como las cuestas que yo tantas veces recorrí buscándote. 

El recuerdo será cubierto por los que nunca entendieron nada, los años de ignorancia perdida en un rincón de este Quito negro. 

Soñando que lo que vendrá será mejor, que tal vez mañana cambie de alas, o de color. 

Yo en un ataúd de silencio, sin poder gritar, que me saquen de esa caja negra, que no puedo respirar, que no respiraré nunca más, que quiero ser libre aún en la muerte, que me dejen salir, y lancen mis pedazos de cuerpo putrefacto para ser fertilizante de la tierra que yo amé. 

Ya no te molestaré más con mis alaridos de sirena pidiéndote que me protejas, que me cuides, que puebles de magia mi rumbo gris. 

Tengo ganas de llorar anticipadamente por esa negra noche que vendrá a llevarme con ella, la de la mueca de mala actriz, la pelona. 

Nadie me va a extrañar, excepto mi madre, tal vez una que otra luciérnaga o las babosas que se metían en el taller. 

Mis botellas quedarán vacías en los cajones, junto con los dibujos. 

Despídanme con esta música, que parece traída de las siluetas de los ángeles. 

Poeta Ecuatoriana residente en Francia.
Canelle

Créditos a las fotografías: Boris Trujillo, Mariposa del Castillo, Frederic Aurousseau y Jean Bernard Chardel, respectivamente.