LO VERDADERAMENTE POÉTICO

POR JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS

José María Muñoz Quirós por José Amador desde Crear en Salamanca.

Estamos viviendo un momento difícil: las nuevas tecnologías nos están acercando a una inmediatez enfermiza que deja poco espacio a la meditación y al silencio que se precisa para entrar en el universo de la creación y de las relaciones humanas. Esta característica de la vida puede transformar muchos de los esquemas sociales y culturales, ¿pero hasta dónde va a influenciar en el hecho poético? Se habla más que de poesía de escritura de poemas. Más que de creación, de actividad. Más que de búsqueda y profundidad, de inmediatez. 

Nada que no pueda ser conseguido con rapidez tiene sentido, ni importa. Nada que no sea rápidamente comprensible, tiene validez…Y la labor del verdadero poeta tiene que ser todo lo contrario: un lento y constante constructor de un mundo personal, de una mirada secreta y silenciosa sobre sí mismo y sobre todo lo que conforma su vida. El poeta tiene que indagar en las profundidades del lenguaje, en las inquietantes marejadas de sus sombras, en el precipicio al que se lanza en cada poema, y esto conlleva un aprendizaje, un estímulo lento y constante, y mucho conocimiento de las distintas poéticas que se han ido sucediendo en la historia de la poesía, es decir, tiene que ser un meditativo lector, un aprendiz permanente. 

Y yo no sé si esto será posible en los tiempos que nos está tocando vivir, no sé si los escritores de versos han pensado antes sobre lo que ya otros han escrito, y si se han estimulado con las obras de los grandes poetas que son, en definitiva, a los que hay que conducir nuestros ojos para poder aprender y huir de cualquier manera de cansancio repetitivo, de ausencia de creación.

Me temo que la cultura poética de muchos de los grupos que pululan por esos mundos de las redes sociales no alcanza este objetivo, se pierde en piruetas y en aconteceres de cada día, no elaboran sus pensamientos ni adquieren la capacidad de discernir entre lo que es verdaderamente poético o no. Y este riesgo va a determinar, aún más, la necesidad de lectores que sean competentes con el valor y el significado de la poesía, que sean capaces de orientar sus miradas a los territorios donde la poética se envuelva de un esfuerzo de búsqueda y de hallazgos, en un terreno espinoso en el que muchas veces es preciso estar solos, sin que nada estorbe ni distraiga el encuentro con la palabra creadora.

Creo que la poesía sobrevivirá a todos los vaivenes de la cultura de masas, de los planteamientos sociales que lo comparten casi todo. Una vez más se acercará a las personas que la busquen, que se aferren a sus peculiaridades, que la analicen y la sepan reconocer como algo esencial para construir sus pensamientos. Entonces, se producirá aún más la disidencia de los poetas frente a las cárceles de la manipulación y de la repetitiva secuencia de lo más inoperante, de lo que no sobrepasa la cercanía de una labor efímera.

Sin la verdadera poesía no podrá el mundo resolver sus misterios, poner palabras donde se hace un vacío de comunicación profunda, dar voz a lo que se oculta en los campos de la indigencia del alma, limpiar de contaminaciones las relaciones humanas en el centro de sus actos. Dar voz a los que siempre son víctimas frente a la pobreza y la injusticia.  

El llamado postureo literario es una realidad que a veces supera con creces el significado auténtico de la poesía: se busca el estar, el ser presencia de capillas, de foros, de círculos, de generaciones o de estéticas por encima de los valores esenciales de la escritura. 

Lo gregario supera a lo individual, y sobrevivir en este bosque de tan complejos vericuetos, va a ser difícil. El individualismo no tendrá nada que hacer, pero ese va a ser su valor, y creo que es un objetivo que hay que intentar conseguir: salirse del redil, campear en solitario, ser corredor de fondo y no de velocidad, vivir en la autenticidad en estrecha relación con lo que nos rodea, intentar construir un universo propio, una voz peculiar, una distancia con lo genérico y lo repetitivo.

El pago puede ser caro y difícil: la soledad, la no existencia en los terrenos del reparto de beneficios, la creencia de que se está en un sendero equivocado, la duda ante todo y ante uno mismo. 

Pero esa puede ser la apuesta de la poesía verdadera en un tiempo próximo, en los momentos difíciles y extraños que ya estamos viviendo.

Se puede llegar a pretender hacer de la poesía una carrera para conseguir la gloria, la vana gloria del aplauso, del reconocimiento, del yo social frente al yo existencial, vivencial y profundo, hondo y solitario. Hay quien desconoce que la poesía se centra en el ser y no en el estar, es un aposentarse frente al bullicio de los otros.

La escritura poética nos deja siempre la opción de poder atravesar los espacios por donde se transita en plena libertad. Es en este ámbito donde el creador de poemas, el poeta, puede saltarse las normas, los obstáculos, las limitaciones del lenguaje y todos los extraños filtros que la vida nos pone a cada paso.

Solo lo auténtico se podrá salvar del tránsito cada vez más vacío de una sociedad que ignora y desprecia la individualidad, que trata, por todos los medios, de diluir al ser humano en sus aguas cenagosas.

Necesitamos, más que en ningún otro momento, perseguir el silencio, alejarnos del ruido sin límites de los ecos de quienes se hallan en permanente guardia sobre lo que les sucede a los otros. 

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Fragmento del discurso pronunciado por José María Muñoz Quirós en la entrega de los Premios de Poesía Santa Teresa de Jesús 2023, que otorga el Hogar de Ávila en Madrid y que tuvo lugar en el Centro Cultural de los Ejércitos, el 25 de octubre de 2023.