En el cuerpo agujeros infinitos

Todos los libros de Rocío Soria.


Llevo horas tratando de regresar las piezas a su sitio

atando el fardo

volviendo el contenido a la manga.

La gelatina cuaja en las cerraduras.

Gira un coleóptero rojo.

Una hoja fresa cae desde la turgencia de su labio inferior.

Es el momento en que el azul oscuro trinca los espacios de la alcoba.

Tiende los brazos como la sombra de un cristo.

orina

respira

cojea

tose.

Los dibujos sobre la cama se arrancan el uno al otro

separan las canicas de sus ganglios

por tamaños, colores y consistencias.

Rosas purpúreas saltan de sus bocas.

Coloca una servilleta en el cuello del enfermo,

le acerca el hielo,

deja que algunas gotas rueden al fondo de su crujido con la

torpeza de las cosas insubstanciales,

con la astucia de quien sobrevive pero

para hacerlo ha requerido tropezarse

con sus propias sombras

o atorarse con su propia saliva.

La cara del hombre amado

quema como si aún estuviera dentro de sí,

y pudiera despertar menos inflado

y empezar a bailar con la propia orquesta de su queja.

Llama a su madre,

el hombre llama a su madre

aunque el llamado sea un imperceptible brinco en el

interior de sus párpados.

Coloca una servilleta en el cuello del enfermo,

le acerca el hielo,

deja resbalar algunas gotas al interior de la bolsa, 

busca una de las orejas del enfermo para susurrarle algo

pero lo ha olvidado en el preciso instante

con la torpeza de las cosas insubstanciales,

-es tan humana que se da asco y escupe-.

Vuelve a acercar sus labios,

arranca el lóbulo del enfermo con los dientes,

pues no atina palabra,

la palabra siempre le fue una pieza faltante,

una parálisis entre los dedos de la mano.

Gime,

como si no fuera suficiente con la orquesta de quejas del

enfermo,

como si no fuera suficiente con el silencio invertebrado del

enfermo.

¿Servirá para el caso el llanto

o solo será una estrategia de supervivencia,

o, una forma indolora

de avergonzarse?

Cuerpoamor, cuerponada.

La noche anida muertes subrepticias,

insondables,

pájaros revolotean por las márgenes de los cuerpos,

por sobre las formas,

por sobre los olvidos.

Anoche la mujer arrojó sus pájaros por entre

las aspas del ventilador

como si de una omisión se tratara

y no de esta necesidad biológica de los recuerdos,

y no de ese miedo recurrente de los violines.

En el borde de la calzada un hombre brinda consigo mismo,

con su sombra,

con su cielo,

con sus pájaros,

como si en verdad una mano le asistiera para sostenerle

los cables de la pena en el rostro.

La mujer acuna un trémolo sanguinolento entre sus ropas,

entre sus alas,

a dos cuerpos,

a dos espejos,

se confiesa como si en verdad un oído le

auxiliara con la bolsa de sus vómitos.

Todo final tiene pájaros entre las aspas del ventilador

el hombre,

la mujer,

la muesca oscura,

el quinto infierno de su morfología,

los golpes contra la pared de la locura…

Todo esta frío y rígido ahora

la finitud de los seres,

la fugacidad de sus angustias,

cuerposangre,

cuerpoamor,

cuerponada…

En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,

dispara sus violencias

hay fragmentos incomprensibles sin embargo de ello.

Los movimientos en falso son inveteradas rutinas

y las ignominias adquieren un grado supremo de belleza.

En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,

dispara sus violencias

y no entiendo por qué el dolor,

hay varios ruegos, demandas e inquisiciones que no entiendo

aunque los comprenda muy bien.

hay varios juegos en los que a pesar de acertar, no doy,

hay respuestas que me las sé de antemano y eso ¿es trampa?

-talvez el asunto sea sin trampas-

Pero ya sé llorar, ¿por qué este nuevo modo de hacerlo?;

o el solo hecho de saber llorar ya es una trampa.

En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,

dispara sus violencias

y no entiendo por qué el dolor.

de hecho aunque terminara por morir

no entendería por qué la muerte, las muertes,

las muertes tácitas,

las muertes completas,

las muertes semiinconscientes,

las muertes perennes

las que se quedan…

temblar

doblarse sobre uno mismo como ante un vertedero

hacerse pequeño

abrazarse

cubrirse el rostro pero no morir

ovillarse

enfundarse

desfigurar el rostro

maldecir pero no llorar

caminar por las cuchillas del día

gritar

o

enmudecer

arrodillarse en la puerta de urgencias

cagarse del miedo

reducir el poema a la menor cantidad de palabras

volverlo aullido

o

pelota de aire en el pulmón

hay algo íntimo que nos junta a todos

la tarde transcurre en un lento oscilar entre lo lógico y lo insalvable

la renuncia y la animalidad

el terror y la vulgaridad

camino hacia la cabina telefónica

coloco monedas con la certeza de lo inútil

fumo

me siento en las escaleras y de nuevo escucho

esta vez a lo lejos

la voz del hombre que grita los apellidos de los pacientes en la sala anexa a urgencias

contengo el aire

mi cuerpo es una pequeña morgue

una sala de urgencias

un aparato que zumba y jode

un banco en el que otros se sientan a contemplar mi rostro

constantemente doy vueltas por los pisos de mi cabeza

voy a los bajos fondos

a las áreas sensibles

a los puntos neurálgicos de mi infancia

el grito es un habitante que me perturba

cava una gran boca en la entrada de la uretra

constantemente doy vueltas por los corredores

cruzo los puentes de mi cabeza

en este mismo puente pernoctó mi padre

cuando el fluir de su voz fue detenido por el coágulo del olvido

y su cuerpo se convirtió en una máquina fría y silenciosa

tanta sonda y ninguna flor

tanta sonda y ningún recuerdo

tanta sonda y ningún poema

eres el dueño de todo

de esta mano con la que escribo y de esta otra con la que me hago la cruz

de esta boca con la que invoco a los seres y de esta agua con la que los

ahuyento

de este poema que empiezo y de este otro que nunca concluyo

de esta palabra que no existe y de esta palabra que nombra lo que desconozco

eres el dueño de todo

de estas ciudades que cobran vida en los sueños y de esta claustrofóbica vigilia

de los sitios de la vieja casa y de los fantasmas y bestias bíblicas que viven en

el fondo de mis ojos

eres el dueño de todo

de esta mujer de sal que soy y de las que me precedieron

de las antiguas de mí misma

de las que se desgajaron a piedras y se colgaron en los muros porque no

soportaron el dolor de tu ausencia

eres el dueño de todo

de los colores de mi arcoíris y de este habitante oscuro que cada vez intenta ser más oscuro

de este conjuro que hago a mis muertos siempre a la misma hora

y que me arrastra al fondo de los espejos cuando el maligno sonríe

y se apagan las velas y de esta fe con la que rezo

eres el dueño de todo

de mis aciertos y de mis intentos fallidos

de todo lo que me habita y de la nada absoluta en la que aleteo

de los cuentos de terror y maldad que pueblan mi dormitorio

y de la fatalidad de este amor que es como la muerte

donde te extraño con la misma intensidad que si te odiara

y con el mismo regusto a sangre

en la lengua y en el poema

¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo

es urgente que lo visite

ayer

es verdad

no pude llegar

pero esta mañana sí

hoy quiero contarle de ti y quedarme en la sala hablando con él

esta vez no traje poemas porque en mi despiste solo me coloqué

la ropa y entré

¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo

mientras camino a su habitación pienso en cómo sería el inicio de

mi historia

le contaré de ti

le preguntaré si es verdad que las mujeres se quedan con los

hombres que las hacen reír y con los soñadores y con los que

vuelan como en aquel poema que compartimos de Girondo

tendré allí que decirle que tú inventas historias paralelas para

hacer de la realidad una parodia

posiblemente me demore más de lo planificado en su habitación y

él haciendo un esfuerzo sonría

hable con dificultad

parafrasee a Vallejo

y sus ojos de gitano brillen más que nunca

¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo

su habitación luce diferente

vacía

ajena

¿cuándo fue? Pregunto

miércoles me dicen

¿qué hicimos tú y yo el miércoles?

hablamos de la muerte

vimos los videos del “kikirimiau”

hablamos de mi padre

la muerte es un tema cotidiano ¿verdad?

siempre está en la conversación

siempre estamos muriendo

sobremuriendo

siempre estamos supongo

¿un beso es una especie de muerte también?

¿me estabas “canchereando” no?

¿te pusiste nervioso?

¿dónde está el Carlos Oramas? debo llevarle un encargo

luego reímos en el camino hacia la parada del metro después del

café

siempre estás tan ocurrente y yo me voy casa a extrañarte

extrañar también es un modo de morir

¿verdad?

¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo

me pregunto cuándo sería la última vez que sintió la sensación

cálida de unos labios

cuándo la última vez que sintió unas manos acariciarle la espera

un abrazo

el olor de la cercanía

una caricia sobre sus cabellos

cuándo la última vez que compartió la dulzura de la palabra

o se deleitó con una peli de Javier Fesser

cuándo compartió un tabaco o tuvo el miedo que ambos nos

tenemos

¿miedo?

creo que en su caso el miedo sería una constante

qué clase de sueños

qué tipo de recuerdos

¿dormía como los peces con los ojos abiertos?

¿levitaba?

¿soñaba?

¿se quería morir?

¿recordaría a alguien

como yo te recuerdo ahora en tu mínima gestualidad

el color de tus ojos

tus relatos cinematográficos

tu acento extraño

¿cachas?

¿recordaría en su angustia las caricias que dejó sobre unas manos

como las que yo dejé sobre las tuyas cuando como en el ritual

amatorio “abrí caminos y escribí ríos y escuché el rumor

del corazón enloquecido como el mar bajo el furor de las

tormentas”?

¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo debo llevarle este poema

la consulta

los signos vitales

ella se impacienta como otras veces

yo recuerdo un bolero antiguo y lo canto

me sigue

se ríe

a veces la pena es risa o carcajada que termina en

alarido y otras veces lo contrario

ambas miramos el reloj del corredor del hospital

le pregunto la hora para ver si responde

ella inventa que son las diez y le creo

la otra vez almorzamos en china y cenamos en

francia

y le pedimos al pianista una canción perpendicular

ella al mando de la letra

se la sabía completa

estuve a punto de creer que se había curado

que su memoria había vuelto

le indagué

pero luego de cantar ya no comprendía mis palabras

como no comprende tampoco que el pie izquierdo

debe ir en el zapato izquierdo

y que el pantaloncillo debe ir en sus piernas y no en

sus brazos

anoche arrojó las piedras de la medicación en un

rincón

seguimos en la sala de espera

yo la entretengo con el viejo bolero

lo escucha y quiere cantar a gritos

levanta la voz

se descontrola

finalmente pasamos a la consulta

ella se ríe hasta el delirio

tal vez la broma seamos nosotros

los que la vemos desde fuera

yo en su mundo soy punzada

y ella en el mío también

el médico le aplica el test de evaluación cognitiva

moca

ella no une los puntos ni sigue las flechas

se dispara en todas las direcciones y no aterriza

nunca ha aterrizado

y no es novedad

las dos siempre vivimos en un mundo inventado por ella

luego vuelve a fallar al dibujar un reloj

acuérdate del reloj que vimos en el corredor

le digo

dibuja uno igual

pero ella se pierde en el tiempo y gesticula

aunque es posible que seamos nosotros los que

estamos perdidos en el tiempo y gesticulando

aunque es posible que seamos nosotros los del

espectáculo risible

en qué se parece una bicicleta a un tren

en qué se parece una regla a un reloj

le pregunta

en qué se parece una aguja a mi cabeza

responde

luego se detiene en las sumas y las resuelve

diga palabras con p en dos minutos

padecer

parir

poema

prisión

paliativo

pena

pastilla

paseo

pantufla

pinchar

pierna

puta

paz

padecepoemas

parepoemas

aprisionapoemas

tragapoemas

paliativospoemas

poemasdelargapena

pastillas

paseoenpantuflas

pincholaspiernas

porlaputadetumadre

déjemeenpazdoctor

grita

me llamo rosario lema y nada más

historia clínica en verso

me llamo rosario lema

usted no me conoce doctor

o es que se acuerda de mí

yo no me acuerdo de usted

y de inmediato pasa de la molestia a la carcajada

tiene ocho sobre treinta en el test

eso es un estado avanzado

yo sé eso con o sin test

pero no puedo evitar descorazonarme escuchando el diagnóstico

luego se dirige el doctor a mí

la señora escucha voces que le sugieren que se haga

daño o que se marche

sí doctor

ambas las escuchamos

ahora que me voy por fin

me llevo lo estrictamente necesario

ahora que ya no tengo retorno y que camino guiada por el viejo reloj de papá

hoy lo he hallado corroído en la bodega

me lo he colocado en la muñeca

y maravillosamente ha caminado

y ha empezado a marcarme los pasos

yo también camino sola como el reloj

camino ciega

y manca

y rota

ya no soy ave de paso

estoy atada por el miedo

muchas veces me dejé el cuerpo en el camino

y luego volví para reconocerlo y sepultarlo

pero ahora todo está a punto de terminar

ya no me hace mella la muerte

es una astilla con la que me he acostumbrado a patojear

ya no me conmueve el amor

es un dolor que me escuece en la vértebra y que lo muerdo con las pastillas

tal vez ahora se requiera un poco más que amor y muerte para conmoverme

la carne vieja ya no siente su fractura

la carne vieja está ocupada en resistir

ahora que me voy por fin me llevo lo estrictamente necesario

el cuerpo incapaz

el cuerpo vacío y sin fe

ahora que me voy por fin ahora que nado hacia el poema

descolgamos los cuadros y retiramos los muebles de su dormitorio

hay demasiadas cosas solo útiles a su titular

no entendemos la dinámica de estas cosas

no hay coherencia en lo que vamos hallando

de todas formas

tratamos de vencer la humedad de los pisos

debajo de ellos debe haber escondido un lago para que estas maderas

se hayan hinchado tanto

entonces dejamos abiertas las ventanas para que el aire ayude

colocamos toallas mojadas sobre las deformidades del piso

para que la madera suavice y podamos manualmente aplanarla

con qué fuerzas nosotras tres

finalmente taladramos las tablas e insertamos tornillos

los presionamos mucho para que por fuerza se aplane el piso

pero la madera se triza y a los pocos días hay otras duelas infladas

las lijamos como podemos

las pulimos

pero el lago que esconden nos derrota

decidimos sacarlas y reemplazarlas

entonces empieza el trabajo duro

descubrir si son lagos o son mares los que se esconden debajo

descubrir si son lahares o supuraciones

descubrir el agua rancia

el dolor encharcado

necesitamos de un cincel y un combo

y golpeteamos

y desclavamos una a una las duelas de los durmientes

y desclavamos uno a uno nuestros duelos

con qué fuerzas nosotras tres

necesitamos de la memoria para escribir

la casa se hunde

se traga un baúl de tesoros

las paredes se vencen

hay que descubrir el daño aunque ya lo hayamos descubierto

seguimos sacando madera y a medida que lo hacemos

descubrimos una fosa con la que tenemos que lidiar

descubrimos una zanja en el corazón de mamá

descubrimos el cimbrón en la columna de mamá sosteniendo

el esqueleto de la construcción

luego sacamos también las barrederas y hurgamos en su estadio dos

el mal diseminándose a los tejidos cercanos

el poema que se abre y deja ver el hueso

escribo desde el miedo

desde la soledad de quien asesina con mano propia

de quien se asesina

de quien se lleva por delante a los que ama

de quien no duda en descargar el arma y asestar

de quien provee los medios

de quien lleva a término el amor

no entiendo otras formas de amar

esa fue la mía

escribo desde las voces de las antiguas de mí misma

yo soy la única a la que el epíteto de la condena perpetua le calza

yo soy la única en la familia que ha dado el salto mortal

la que ha acometido la muerte como un poema

la que se equivoca con intención expresa y pasa desapercibida

la bellamorte

la isadora

la mersault

la extranjera

la del chiste malsano y el humor caústico

escribo desde el terror de quien asesina a su propia madre

y ni siquiera la culpa le asiste

pero de ese modo tampoco tendrá derecho a llorarla después

de haberla llorado tanto en vida

escribo con la cara lavada

me sostengo a la rabiosa muerte porque solo ella me ampara

y es medicina

confieso que también he procurado la muerte como un bálsamo

doctora muerte

he procurado la muerte como un calmante seguro

nadie de los que habitaron mi casa tenían remedio

estaban gozosamente vivos

raudos

atareados

legítimamente vivos

pero se descalabraron

estética incluso en su última escena

obra de arte

banda sonora

toda muerte puede ser danza, canto, risa o invocación

fingiré que no digo nada y quizá se haga el silencio

o quizá la palabra se quede levitando en este espacio que pretendí ser

ahora solo soy masa deshabitada

objeto olvidado

antes de que fueras cadáver quise sostenerte

pero al final la muerte gana y es estéril cualquier esfuerzo

ya eres cadáver

un cadáver fresco al que seguiré amando

invocando en las noches de frío

un cadáver al que daré respiración de boca a boca o al que me lanzaré a resucitarlo si es el caso

un cadáver al que presionaré hasta romperle las costillas con tal que siga latiendo a mi ritmo

al que le gritaré por su nombre para que se quede

al que abrigaré y tomaré la presión

al que obsesivamente le colocaré un espejo debajo de la nariz para comprobar si aún respira

al que le giraré sobre sus costillas para que no se escare

al que abrazaré y del que me despediré cada tarde

y del que me alegraré cada mañana cuando lo vuelva a escuchar vociferar contra los cuidados de la enfermera

contra el baño de esponja y la barba

que no se diga que no anuncié esta muerte

que no se diga que no lo ayude a bien morir

que no se diga que no enjugué su rostro

que no se diga que no lo cubrí con sábanas

que no se diga que no lo amortajé con flores

pero ya es cadáver y no refugio

pero ya es cadáver y no repara en mis cuidados

pero ya es cadáver y sus ojos están perdidos

pero ya es cadáver y sus pulmones están vacíos

pero ya es cadáver y no hay futuro en un cadáver

y los cielos se tornaron aguasangre

nadie volvió de ese viaje

de ese mal viaje

de ese veneno

la silenciosa plaga tomó cuerpo

tomó los cuerpos

cruzó de punta a punta las aguas del cielo como una mantarraya

las ciudades se postraron

nunca nadie volvió a despertar de ese sueño

de la ponzoña de ese mal sueño

de esa mala noche

de ese mal viento

de ese mal fondo

todo se consuma

convocados al conteo final

a la destrucción

las trompetas suenan

los cielos revientan sus jugos

nada en pie

ciudad impía

ciudad impúdica

ciudad pecado

ciudad hueso supernumerario

ciudad ventrículo



Diseñadora gráfica y comunicadora social, realizó estudios de postgrado en Edición de Medios Impresos e Historia del Arte Ecuatoriano. Es Magíster en Literatura Infantil y Juvenil.

Publicó Huella Conceptual, 2003; “El Cuerpo del Hijo”, 2008; “Isadora”, 2010; “Ictus”, 2013, “Deterioro”, 2018; “Pelotón de Fusilamiento”, 2022; “Casa de Mariposas Negras”, 2023 y “Tiniebla Sagrada”, 2024. Parte de su poesía ha sido recogida en antologías nacionales e internacionales, ha sido parcialmente traducida al inglés y francés e invitada a encuentros dentro y fuera del país. Con “Casa de Mariposas Negras” obtuvo el Premio Nacional Jorge Carrera Andrade – 2024.