En el cuerpo agujeros infinitos
Rocío Soria: Pinceladas de una Antología Esencial
El cuerpo del hijo, 2008
Llevo horas tratando de regresar las piezas a su sitio
atando el fardo
volviendo el contenido a la manga.
La gelatina cuaja en las cerraduras.
Gira un coleóptero rojo.
Una hoja fresa cae desde la turgencia de su labio inferior.
Es el momento en que el azul oscuro trinca los espacios de la alcoba.
Tiende los brazos como la sombra de un cristo.
orina
respira
cojea
tose.
Los dibujos sobre la cama se arrancan el uno al otro
separan las canicas de sus ganglios
por tamaños, colores y consistencias.
Rosas purpúreas saltan de sus bocas.
Isadora, 2009
Coloca una servilleta en el cuello del enfermo,
le acerca el hielo,
deja que algunas gotas rueden al fondo de su crujido con la
torpeza de las cosas insubstanciales,
con la astucia de quien sobrevive pero
para hacerlo ha requerido tropezarse
con sus propias sombras
o atorarse con su propia saliva.
La cara del hombre amado
quema como si aún estuviera dentro de sí,
y pudiera despertar menos inflado
y empezar a bailar con la propia orquesta de su queja.
Llama a su madre,
el hombre llama a su madre
aunque el llamado sea un imperceptible brinco en el
interior de sus párpados.
Coloca una servilleta en el cuello del enfermo,
le acerca el hielo,
deja resbalar algunas gotas al interior de la bolsa,
busca una de las orejas del enfermo para susurrarle algo
pero lo ha olvidado en el preciso instante
con la torpeza de las cosas insubstanciales,
-es tan humana que se da asco y escupe-.
Vuelve a acercar sus labios,
arranca el lóbulo del enfermo con los dientes,
pues no atina palabra,
la palabra siempre le fue una pieza faltante,
una parálisis entre los dedos de la mano.
Gime,
como si no fuera suficiente con la orquesta de quejas del
enfermo,
como si no fuera suficiente con el silencio invertebrado del
enfermo.
¿Servirá para el caso el llanto
o solo será una estrategia de supervivencia,
o, una forma indolora
de avergonzarse?
Cuerpoamor, cuerponada.
La noche anida muertes subrepticias,
insondables,
pájaros revolotean por las márgenes de los cuerpos,
por sobre las formas,
por sobre los olvidos.
Anoche la mujer arrojó sus pájaros por entre
las aspas del ventilador
como si de una omisión se tratara
y no de esta necesidad biológica de los recuerdos,
y no de ese miedo recurrente de los violines.
En el borde de la calzada un hombre brinda consigo mismo,
con su sombra,
con su cielo,
con sus pájaros,
como si en verdad una mano le asistiera para sostenerle
los cables de la pena en el rostro.
La mujer acuna un trémolo sanguinolento entre sus ropas,
entre sus alas,
a dos cuerpos,
a dos espejos,
se confiesa como si en verdad un oído le
auxiliara con la bolsa de sus vómitos.
Todo final tiene pájaros entre las aspas del ventilador
el hombre,
la mujer,
la muesca oscura,
el quinto infierno de su morfología,
los golpes contra la pared de la locura…
Todo esta frío y rígido ahora
la finitud de los seres,
la fugacidad de sus angustias,
cuerposangre,
cuerpoamor,
cuerponada…
En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,
dispara sus violencias
hay fragmentos incomprensibles sin embargo de ello.
Los movimientos en falso son inveteradas rutinas
y las ignominias adquieren un grado supremo de belleza.
En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,
dispara sus violencias
y no entiendo por qué el dolor,
hay varios ruegos, demandas e inquisiciones que no entiendo
aunque los comprenda muy bien.
hay varios juegos en los que a pesar de acertar, no doy,
hay respuestas que me las sé de antemano y eso ¿es trampa?
-talvez el asunto sea sin trampas-
Pero ya sé llorar, ¿por qué este nuevo modo de hacerlo?;
o el solo hecho de saber llorar ya es una trampa.
En el tercer movimiento en lugar de morir o engullir,
dispara sus violencias
y no entiendo por qué el dolor.
de hecho aunque terminara por morir
no entendería por qué la muerte, las muertes,
las muertes tácitas,
las muertes completas,
las muertes semiinconscientes,
las muertes perennes
las que se quedan…
Ictus, 2013
temblar
doblarse sobre uno mismo como ante un vertedero
hacerse pequeño
abrazarse
cubrirse el rostro pero no morir
ovillarse
enfundarse
desfigurar el rostro
maldecir pero no llorar
caminar por las cuchillas del día
gritar
o
enmudecer
arrodillarse en la puerta de urgencias
cagarse del miedo
reducir el poema a la menor cantidad de palabras
volverlo aullido
o
pelota de aire en el pulmón
hay algo íntimo que nos junta a todos
la tarde transcurre en un lento oscilar entre lo lógico y lo insalvable
la renuncia y la animalidad
el terror y la vulgaridad
camino hacia la cabina telefónica
coloco monedas con la certeza de lo inútil
fumo
me siento en las escaleras y de nuevo escucho
esta vez a lo lejos
la voz del hombre que grita los apellidos de los pacientes en la sala anexa a urgencias
contengo el aire
mi cuerpo es una pequeña morgue
una sala de urgencias
un aparato que zumba y jode
un banco en el que otros se sientan a contemplar mi rostro
constantemente doy vueltas por los pisos de mi cabeza
voy a los bajos fondos
a las áreas sensibles
a los puntos neurálgicos de mi infancia
el grito es un habitante que me perturba
cava una gran boca en la entrada de la uretra
constantemente doy vueltas por los corredores
cruzo los puentes de mi cabeza
en este mismo puente pernoctó mi padre
cuando el fluir de su voz fue detenido por el coágulo del olvido
y su cuerpo se convirtió en una máquina fría y silenciosa
tanta sonda y ninguna flor
tanta sonda y ningún recuerdo
tanta sonda y ningún poema
Deterioro, 2018
eres el dueño de todo
de esta mano con la que escribo y de esta otra con la que me hago la cruz
de esta boca con la que invoco a los seres y de esta agua con la que los
ahuyento
de este poema que empiezo y de este otro que nunca concluyo
de esta palabra que no existe y de esta palabra que nombra lo que desconozco
eres el dueño de todo
de estas ciudades que cobran vida en los sueños y de esta claustrofóbica vigilia
de los sitios de la vieja casa y de los fantasmas y bestias bíblicas que viven en
el fondo de mis ojos
eres el dueño de todo
de esta mujer de sal que soy y de las que me precedieron
de las antiguas de mí misma
de las que se desgajaron a piedras y se colgaron en los muros porque no
soportaron el dolor de tu ausencia
eres el dueño de todo
de los colores de mi arcoíris y de este habitante oscuro que cada vez intenta ser más oscuro
de este conjuro que hago a mis muertos siempre a la misma hora
y que me arrastra al fondo de los espejos cuando el maligno sonríe
y se apagan las velas y de esta fe con la que rezo
eres el dueño de todo
de mis aciertos y de mis intentos fallidos
de todo lo que me habita y de la nada absoluta en la que aleteo
de los cuentos de terror y maldad que pueblan mi dormitorio
y de la fatalidad de este amor que es como la muerte
donde te extraño con la misma intensidad que si te odiara
y con el mismo regusto a sangre
en la lengua y en el poema
¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo
es urgente que lo visite
ayer
es verdad
no pude llegar
pero esta mañana sí
hoy quiero contarle de ti y quedarme en la sala hablando con él
esta vez no traje poemas porque en mi despiste solo me coloqué
la ropa y entré
¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo
mientras camino a su habitación pienso en cómo sería el inicio de
mi historia
le contaré de ti
le preguntaré si es verdad que las mujeres se quedan con los
hombres que las hacen reír y con los soñadores y con los que
vuelan como en aquel poema que compartimos de Girondo
tendré allí que decirle que tú inventas historias paralelas para
hacer de la realidad una parodia
posiblemente me demore más de lo planificado en su habitación y
él haciendo un esfuerzo sonría
hable con dificultad
parafrasee a Vallejo
y sus ojos de gitano brillen más que nunca
¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo
su habitación luce diferente
vacía
ajena
¿cuándo fue? Pregunto
miércoles me dicen
¿qué hicimos tú y yo el miércoles?
hablamos de la muerte
vimos los videos del “kikirimiau”
hablamos de mi padre
la muerte es un tema cotidiano ¿verdad?
siempre está en la conversación
siempre estamos muriendo
sobremuriendo
siempre estamos supongo
¿un beso es una especie de muerte también?
¿me estabas “canchereando” no?
¿te pusiste nervioso?
¿dónde está el Carlos Oramas? debo llevarle un encargo
luego reímos en el camino hacia la parada del metro después del
café
siempre estás tan ocurrente y yo me voy casa a extrañarte
extrañar también es un modo de morir
¿verdad?
¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo
me pregunto cuándo sería la última vez que sintió la sensación
cálida de unos labios
cuándo la última vez que sintió unas manos acariciarle la espera
un abrazo
el olor de la cercanía
una caricia sobre sus cabellos
cuándo la última vez que compartió la dulzura de la palabra
o se deleitó con una peli de Javier Fesser
cuándo compartió un tabaco o tuvo el miedo que ambos nos
tenemos
¿miedo?
creo que en su caso el miedo sería una constante
qué clase de sueños
qué tipo de recuerdos
¿dormía como los peces con los ojos abiertos?
¿levitaba?
¿soñaba?
¿se quería morir?
¿recordaría a alguien
como yo te recuerdo ahora en tu mínima gestualidad
el color de tus ojos
tus relatos cinematográficos
tu acento extraño
¿cachas?
¿recordaría en su angustia las caricias que dejó sobre unas manos
como las que yo dejé sobre las tuyas cuando como en el ritual
amatorio “abrí caminos y escribí ríos y escuché el rumor
del corazón enloquecido como el mar bajo el furor de las
tormentas”?
¿dónde está Carlos Oramas? debo llevarle un encargo debo llevarle este poema
Pelotón de fusilamiento, 2022
la consulta
los signos vitales
ella se impacienta como otras veces
yo recuerdo un bolero antiguo y lo canto
me sigue
se ríe
a veces la pena es risa o carcajada que termina en
alarido y otras veces lo contrario
ambas miramos el reloj del corredor del hospital
le pregunto la hora para ver si responde
ella inventa que son las diez y le creo
la otra vez almorzamos en china y cenamos en
francia
y le pedimos al pianista una canción perpendicular
ella al mando de la letra
se la sabía completa
estuve a punto de creer que se había curado
que su memoria había vuelto
le indagué
pero luego de cantar ya no comprendía mis palabras
como no comprende tampoco que el pie izquierdo
debe ir en el zapato izquierdo
y que el pantaloncillo debe ir en sus piernas y no en
sus brazos
anoche arrojó las piedras de la medicación en un
rincón
seguimos en la sala de espera
yo la entretengo con el viejo bolero
lo escucha y quiere cantar a gritos
levanta la voz
se descontrola
finalmente pasamos a la consulta
ella se ríe hasta el delirio
tal vez la broma seamos nosotros
los que la vemos desde fuera
yo en su mundo soy punzada
y ella en el mío también
el médico le aplica el test de evaluación cognitiva
moca
ella no une los puntos ni sigue las flechas
se dispara en todas las direcciones y no aterriza
nunca ha aterrizado
y no es novedad
las dos siempre vivimos en un mundo inventado por ella
luego vuelve a fallar al dibujar un reloj
acuérdate del reloj que vimos en el corredor
le digo
dibuja uno igual
pero ella se pierde en el tiempo y gesticula
aunque es posible que seamos nosotros los que
estamos perdidos en el tiempo y gesticulando
aunque es posible que seamos nosotros los del
espectáculo risible
en qué se parece una bicicleta a un tren
en qué se parece una regla a un reloj
le pregunta
en qué se parece una aguja a mi cabeza
responde
luego se detiene en las sumas y las resuelve
diga palabras con p en dos minutos
padecer
parir
poema
prisión
paliativo
pena
pastilla
paseo
pantufla
pinchar
pierna
puta
paz
padecepoemas
parepoemas
aprisionapoemas
tragapoemas
paliativospoemas
poemasdelargapena
pastillas
paseoenpantuflas
pincholaspiernas
porlaputadetumadre
déjemeenpazdoctor
grita
me llamo rosario lema y nada más
historia clínica en verso
me llamo rosario lema
usted no me conoce doctor
o es que se acuerda de mí
yo no me acuerdo de usted
y de inmediato pasa de la molestia a la carcajada
tiene ocho sobre treinta en el test
eso es un estado avanzado
yo sé eso con o sin test
pero no puedo evitar descorazonarme escuchando el diagnóstico
luego se dirige el doctor a mí
la señora escucha voces que le sugieren que se haga
daño o que se marche
sí doctor
ambas las escuchamos
ahora que me voy por fin
me llevo lo estrictamente necesario
ahora que ya no tengo retorno y que camino guiada por el viejo reloj de papá
hoy lo he hallado corroído en la bodega
me lo he colocado en la muñeca
y maravillosamente ha caminado
y ha empezado a marcarme los pasos
yo también camino sola como el reloj
camino ciega
y manca
y rota
ya no soy ave de paso
estoy atada por el miedo
muchas veces me dejé el cuerpo en el camino
y luego volví para reconocerlo y sepultarlo
pero ahora todo está a punto de terminar
ya no me hace mella la muerte
es una astilla con la que me he acostumbrado a patojear
ya no me conmueve el amor
es un dolor que me escuece en la vértebra y que lo muerdo con las pastillas
tal vez ahora se requiera un poco más que amor y muerte para conmoverme
la carne vieja ya no siente su fractura
la carne vieja está ocupada en resistir
ahora que me voy por fin me llevo lo estrictamente necesario
el cuerpo incapaz
el cuerpo vacío y sin fe
ahora que me voy por fin ahora que nado hacia el poema
Casa de Mariposas Negras, 2023
descolgamos los cuadros y retiramos los muebles de su dormitorio
hay demasiadas cosas solo útiles a su titular
no entendemos la dinámica de estas cosas
no hay coherencia en lo que vamos hallando
de todas formas
tratamos de vencer la humedad de los pisos
debajo de ellos debe haber escondido un lago para que estas maderas
se hayan hinchado tanto
entonces dejamos abiertas las ventanas para que el aire ayude
colocamos toallas mojadas sobre las deformidades del piso
para que la madera suavice y podamos manualmente aplanarla
con qué fuerzas nosotras tres
finalmente taladramos las tablas e insertamos tornillos
los presionamos mucho para que por fuerza se aplane el piso
pero la madera se triza y a los pocos días hay otras duelas infladas
las lijamos como podemos
las pulimos
pero el lago que esconden nos derrota
decidimos sacarlas y reemplazarlas
entonces empieza el trabajo duro
descubrir si son lagos o son mares los que se esconden debajo
descubrir si son lahares o supuraciones
descubrir el agua rancia
el dolor encharcado
necesitamos de un cincel y un combo
y golpeteamos
y desclavamos una a una las duelas de los durmientes
y desclavamos uno a uno nuestros duelos
con qué fuerzas nosotras tres
necesitamos de la memoria para escribir
la casa se hunde
se traga un baúl de tesoros
las paredes se vencen
hay que descubrir el daño aunque ya lo hayamos descubierto
seguimos sacando madera y a medida que lo hacemos
descubrimos una fosa con la que tenemos que lidiar
descubrimos una zanja en el corazón de mamá
descubrimos el cimbrón en la columna de mamá sosteniendo
el esqueleto de la construcción
luego sacamos también las barrederas y hurgamos en su estadio dos
el mal diseminándose a los tejidos cercanos
el poema que se abre y deja ver el hueso
escribo desde el miedo
desde la soledad de quien asesina con mano propia
de quien se asesina
de quien se lleva por delante a los que ama
de quien no duda en descargar el arma y asestar
de quien provee los medios
de quien lleva a término el amor
no entiendo otras formas de amar
esa fue la mía
escribo desde las voces de las antiguas de mí misma
yo soy la única a la que el epíteto de la condena perpetua le calza
yo soy la única en la familia que ha dado el salto mortal
la que ha acometido la muerte como un poema
la que se equivoca con intención expresa y pasa desapercibida
la bellamorte
la isadora
la mersault
la extranjera
la del chiste malsano y el humor caústico
escribo desde el terror de quien asesina a su propia madre
y ni siquiera la culpa le asiste
pero de ese modo tampoco tendrá derecho a llorarla después
de haberla llorado tanto en vida
escribo con la cara lavada
me sostengo a la rabiosa muerte porque solo ella me ampara
y es medicina
confieso que también he procurado la muerte como un bálsamo
doctora muerte
he procurado la muerte como un calmante seguro
nadie de los que habitaron mi casa tenían remedio
estaban gozosamente vivos
raudos
atareados
legítimamente vivos
pero se descalabraron
estética incluso en su última escena
obra de arte
banda sonora
Tiniebla Sagrada, 2024
toda muerte puede ser danza, canto, risa o invocación
fingiré que no digo nada y quizá se haga el silencio
o quizá la palabra se quede levitando en este espacio que pretendí ser
ahora solo soy masa deshabitada
objeto olvidado
antes de que fueras cadáver quise sostenerte
pero al final la muerte gana y es estéril cualquier esfuerzo
ya eres cadáver
un cadáver fresco al que seguiré amando
invocando en las noches de frío
un cadáver al que daré respiración de boca a boca o al que me lanzaré a resucitarlo si es el caso
un cadáver al que presionaré hasta romperle las costillas con tal que siga latiendo a mi ritmo
al que le gritaré por su nombre para que se quede
al que abrigaré y tomaré la presión
al que obsesivamente le colocaré un espejo debajo de la nariz para comprobar si aún respira
al que le giraré sobre sus costillas para que no se escare
al que abrazaré y del que me despediré cada tarde
y del que me alegraré cada mañana cuando lo vuelva a escuchar vociferar contra los cuidados de la enfermera
contra el baño de esponja y la barba
que no se diga que no anuncié esta muerte
que no se diga que no lo ayude a bien morir
que no se diga que no enjugué su rostro
que no se diga que no lo cubrí con sábanas
que no se diga que no lo amortajé con flores
pero ya es cadáver y no refugio
pero ya es cadáver y no repara en mis cuidados
pero ya es cadáver y sus ojos están perdidos
pero ya es cadáver y sus pulmones están vacíos
pero ya es cadáver y no hay futuro en un cadáver
y los cielos se tornaron aguasangre
nadie volvió de ese viaje
de ese mal viaje
de ese veneno
la silenciosa plaga tomó cuerpo
tomó los cuerpos
cruzó de punta a punta las aguas del cielo como una mantarraya
las ciudades se postraron
nunca nadie volvió a despertar de ese sueño
de la ponzoña de ese mal sueño
de esa mala noche
de ese mal viento
de ese mal fondo
todo se consuma
convocados al conteo final
a la destrucción
las trompetas suenan
los cielos revientan sus jugos
nada en pie
ciudad impía
ciudad impúdica
ciudad pecado
ciudad hueso supernumerario
ciudad ventrículo
Rocío Soria Romero – Quito, 1977
Diseñadora gráfica y comunicadora social, realizó estudios de postgrado en Edición de Medios Impresos e Historia del Arte Ecuatoriano. Es Magíster en Literatura Infantil y Juvenil.
Publicó Huella Conceptual, 2003; “El Cuerpo del Hijo”, 2008; “Isadora”, 2010; “Ictus”, 2013, “Deterioro”, 2018; “Pelotón de Fusilamiento”, 2022; “Casa de Mariposas Negras”, 2023 y “Tiniebla Sagrada”, 2024. Parte de su poesía ha sido recogida en antologías nacionales e internacionales, ha sido parcialmente traducida al inglés y francés e invitada a encuentros dentro y fuera del país. Con “Casa de Mariposas Negras” obtuvo el Premio Nacional Jorge Carrera Andrade – 2024.







