Versos del Amor

Desde Metaforología Gaceta Literaria 12 poetas de América y Europa nos ofrendan sus versos para enunciar al amor.

¡Feliz Día de San Valentín!

 

Fotografía: José Amador Martín Sánchez

 

LOS POETAS

(En orden alfabético)

MARITZA CINO

JORGE DÁVILA VÁZQUEZ

IVONNE GORDON

YANIRA MARIMÓN

SYLVIA MIRANDA

EDEL MORALES

JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS

XAVIER OQUENDO

ALFREDO PÉREZ ALENCART

JOSÉ PULIDO

CARMEN VÁSCONES

ZINGONIA ZINGONE

 

~ Fotografías de José Amador Martín Sánchez,
(Profesor de Artes Visuales y director de la revista Crear en Salamanca)

 

LOS POEMAS

 

MARITZA CINO
(Ecuador)

ASÚMEME

Asúmeme sin sombras
en este montaje imaginario,
retórname al invento sin túneles ni lunas,
devuélveme la esencia de hierbas y tambores,
confúndete en mi cuerpo
registro de otros nombres,
despiértame a la vida
vacía de palabras.

 

JORGE DÁVILA VÁZQUEZ
(Ecuador)

Amor es la palabra que contiene en sí todas las cosas:
esa tela que tu mano toca, la madera que pules con desvelo,
el hilo que se teje en pájaros y flores.
Amor es el sonido de la puerta al abrirse y al cerrarse
y de la taza que pones en la mesa.
Es el ruido del viento entre los sauces.
El trino de algún pájaro ignoto, y también su graznido en la tiniebla.
La voz de un niño en la desierta plaza.
La palpitación frente al paisaje.
La calidez de la frase aún no dicha.
El copo de nieve que cae sobre tu hombro,
mientras tú miras otros copos… otros días.
Un violín que suena mientras hablas.
Una remota abuela que canta en la cocina.
Una flor que se abre en un estanque, esperando la llegada de Monet.
La sed que se sacia alegremente, en medio de naranjas y de vino.
El sueño que se va y pronto regresa.
El roce mínimo de las alas del ángel al pasar por tu pelo.
Amor es la palabra que contiene al mundo
y nos lleva hacia el tiempo de ayer
y hacia el mañana en su misterio.

 

IVONNE GORDON
(Ecuador – Estados Unidos)

EL PAÑUELO

El pañuelo de seda rozó el sereno. El placer de la luna
se clavó en sus ojos. Paciente esperó mientras la noche
extendía las piernas, y se iba humedeciendo.
El maletero sintió el amor de la despedida. Porque las despedidas
se parecen al rostro del viaje. Son besos que rodean al amor.
No necesitan nada, no necesitan tocar, no necesitan quedarse
o partir. Quedarse es también partir. El maletero conoce
el oficio de los pañuelos de seda, de besos en el alba, de quedarse
y de partir. El maletero es el testigo de la hora presente.
Las despedidas silban el tiempo en el rostro del amor.
El pañuelo de seda se parece a sí mismo, bebe memoria en un cajón
cualquiera. El maletero recuerda que hay amor en los rostros de los viajes
que nos queremos sin saber, porque el amor dura un instante
y se pega en la piel para siempre.

 

YANIRA MARIMÓN
(Cuba)

NECESITO UN CUERPO

Necesito un cuerpo, señor. El de un hombre a quien abrazar.
No importa que sea el de un ser triste y de alma rota, oscuro y sin nombre,
sin la fe necesaria o con el pecho hundido por la certera lanza del cazador.

Un cuerpo, mi dios, un alma cercana que acariciar.
Ser propicio para el roce de nuestros dedos, de nuestros labios.

Ah, pobre carne, pobre boca seca que no besa otra boca,
pobre sangre lenta transcurriendo por mis venas,
pobres manos que no buscan otras manos,
pobre sexo que no busca otro sexo.

Solo por esta noche, mi dios, necesito un cuerpo.
Mañana puedes devolverme a la multitud,
mezclarme con el mundo para morir, de nuevo, entre la gente.

 

SYLVIA MIRANDA
(Perú – España)

En nombre del fuego

En nombre de Bach y de Kandinsky
cuyas puertas no se abrieron al campo
sino al fuego
cuyo altar desconocido
es buscado
-cual grial-
eternamente
cuyo país de siluetas posibles
es surcado por unicornios
dragones y cacatóes

En nombre de Dante y antes de Eneas
y de Virgilio
-y mucho antes aún-
Por todas las Helenas de la tierra
que dejaron sus sandalias en las hogueras

En nombre de los que nunca vieron la civilización
y sus puentes infranqueables
que como los volcanes las tempestades
los arrayanes o las ninfeas
jamás piden perdón –de lo suyo

Por aquellos que llaman bárbaros
que –milagrosamente- viven aún sobre la tierra
-awajunes, asháninkas, bóóráás…-
que aman al olor de los collares de cuentas de batut
y al ritmo de las quenas de hueso de zancuda

Por el amor fuego entre los fuegos
-de mediodía o plenilunio-.
Por su larga espera
desde los acantilados solares del día en que vendrá.

 

EDEL MORALES
(Cuba)

Los pies desnudos
No tengo nada.

Sólo el amor de una muchacha
y mis párpados abiertos.

Así puedo correr sobre la hierba
húmeda y punzante.

Sabiendo que a esa certeza
llamarán locura.

 

JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS
(España)

Yo no quiero que seas: vive.
Levántate en el tiempo, elévate en el agua.
Permanece a la sombra
mientras pueda nacerte una caricia,
mientras puedas ser elegida
sin desvelo en mis brazos.
Porque no quiero que tú seas
el aljibe vacío de una idea,
la pura levedad de una semilla: vive.
De tu carne de sol haz luz sin nombre.
De tu existencia gris presiente el humo.
Con tu holgada bondad besa la noche.
Puedes. Yo no quiero que seas: ama.

 

XAVIER OQUENDO
(Ecuador)

CONFESIÓN EN FRÍO

Donde el amor esté
yo salgo solo.

Quiero alentar a un árbol por su fruto,
a un pájaro que ocupa un puesto
en el tejado de mi espacio.

Donde el amor esté,
estará ese pájaro adherido a un árbol.

 

ALFREDO PÉREZ ALENCART
(Perú – España)

DÉJALA SER

Déjala ser
a corazón abierto,
sin metáforas.

Que te ame
sabiendo de tus pobres
bolsillos

y de la espinosa marcha
que emprendiste
tan solo para libar
un trago de luz clarividente.

Déjala ser ella
misma, sin que nadie
la anuncie.

Déjala ser orquídea
entre los tallos secos

del laberinto.

 

JOSÉ PULIDO
(España)

Hace tiempo que solo sé de tu inminencia.
Hace tiempo que tu inminencia es no saber,
la aparición, el estallido, la abundancia
del fuego para en ella derrocharse,
arder en la hoguera del cuerpo,
levantar en la noche de su trono
el escenario que olvida sus preguntas,
que para sí iluminan las tinieblas del deseo,
Manzana en el jardín del corazón,
viejo maestro de lo humano, río
que desdeña las arenas del tiempo.
En el abrazo de los amantes
y en los puñales de su indiferencia,
sufre un tormento que no anhela su cese,
sangra una herida que no pide su curación
sino su goce.

 

CARMEN VÁSCONES
(Ecuador)

Entre “amar amor” y pasión hay tal giro
Alguna lleva al abismo
Hay querer no sometido
Detalle sin escabullir
No ser esclavo del tú ni del yo
Uno el precipicio
Uno aborda el filo hasta
(Dos hace puente) –elige-
Impongo vida sin tanto rodeo a la muerte
Sin pulso atrapa aquel impulso –exageras-
(No dejo intimidar)
-Así descubres otra vehemencia atentamente-
(Latido de soledad tal caos en su arte de conmoverte)

 

ZINGONIA ZINGONE
(Italia – Costa Rica)

4.

Desde el claustro de la cárcel se levanta un alarido de sangre. En una celda con vista al oriente, encorvado, el cuervo despluma su pasado. Ella llega como pan tibio, un verso atrapado en el pico de su mente. El carcelero agita trozos de metal entre los dedos. Nueve pasos separan de su puerta las rejas del fuego. Ella abre el libro. La llave gira en la cerradura. Desnudo el hombre abraza a su soledad. Se estremece. De su puño huye un verso: tan lleno de amor que reviento / las jaulas del odio. El carcelero escupe en el suelo. El firmamento pregona el canto del cuervo.

 

Fotografía: José Amador Martín Sánchez

 

 

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