Esa soy yo / incendiándome

 

12 POEMAS DE YULIANA ORTIZ RUANO

 

Yuliana Ortiz Ruano (Fotografía de Ricardo Bohorquez)

 

De SOVOZ, 2016

 

LEVANTAS LA CABEZA,

la inclinas levemente hacia atrás

y empiezas a beberte tus lágrimas.

Pasas a ser un montón de sábanas sobre tu cuarto.

Me he vuelto a quebrar

lo sé,

he vuelto a esparcir mis fragmentos sobre el suelo.

Caminas,

tus pies empiezan a sangrar.

Pido perdón

por haber creído

que los seres deformes

pueden sonreír sobre esta ciudad

que los escupe.

Me he vuelto a quebrar,

te toco como quien se acerca

a la niebla espesa

con los ojos cerrados.

No estás,

no estuviste nunca.

Siempre seré yo, mirando a solas

cómo explotan los pájaros

con el sol de entre las montañas.

Esto no es poema,

es un llanto entrecortado.

Pido perdón por haber guardado mis garras

con tino y no las vieras.

Garras que ahora te degüellan.

Pido perdón a mis muertos

por haberlos dejado

tanto tiempo

en el armario

escondidos entre las blusas,

amordazados.

Leo a Reinaldo Arenas y sufro por él.

Vivir el dolor ajeno

es la mejor manera de disipar el propio.

Dirán que es cobardía,

tal vez lo sea;

lo cierto es que estoy cansada

de mirar a los ojos de la bestia

y que haga de mí un costal de piel en el suelo.

Quería que fueras mi isla,

esa especie de arena tibia

donde reposar del caos que sigo siendo.

Quería que fueras la antítesis

de lo que decían de mí,

que fueras la gama de sonrisas

que calme el caballo de mi pecho.

No podrás,

nunca podremos.

Volvimos a ser mis muertos y yo

pisando los trozos de esta historia

 

MADRE,

sueño con mi cadáver todas  las noches.

De mi vientre cuelgan dos seres que no quisieron

nacer.

He renunciado a todo lo que me hacía infeliz.

He renunciado a todo.

He renunciado.

Solo hasta que te arrancan a dos manos el esternón

abres los párpados

y barres las costras secas

que tapizan el piso de tu cuarto.

Solo hasta que alguien mete su mano en tu ombligo

y extrae una víscera sangrante

que late caliente al aire

conviertes en arcilla la casa

y la intentas moldear

o la aplastas de una vez.

Madre,

tengo veinte y tres años

y parece un siglo.

Sueño con mi cuerpo tieso

todos los días.

He renunciado a tanto y

¿por qué

estas ganas de llorar?

¿Por qué las heridas

suturadas se abren y sangran otra vez?

¿Por qué el silencio

que diseca mis huesos?

¿Por qué la puerta sigue cerrada

frente a mi rostro?

He renunciado a mí.

He renunciado.

Me abandoné cada tarde.

Yuliana espera por mí

en alguna estación lejana.

Impaciente;

se come las uñas,

los dedos.

Yuliana se come.

Madre,

sigo hablando de mí

a la gente

como si esto importara.

Como si la manta se levantara

y me dijeran

que deje de llorar

que todo fue una broma de mal gusto,

que ahora puedo reírme

a carcajadas de mí

y de mi vientre.

Que esto no soy yo

que afuera de la manta

hay vida en serio.

 

Madre

he renunciado a todo lo que me hacía infeliz.

¿Por qué la muralla sigue creciendo?

Madre,

no debí salir de tu vientre.

Mira mis huesos.

Mira su fragilidad.

Mira los días

que se posan lilas

bajo mis ojos.

Mira mis manos

transparentes.

La muralla tiene vida.

A mi alrededor todo exhala más vida que yo.

 

 

 

 

SOY EL PARCHE DE MORFINA PEGADO EN EL COSTADO DEL HOMBRO DE MI ABUELA.

Soy todas las lágrimas silenciosas de mi madre y mis tías.

Soy los sueros que bailan cumbia por las venas de mi abuela.

Soy el catéter infecto que descansa en el bote de basura de la habitación 19 de la clínica del IEES.

Soy el vómito rojo que se escapa por el caño del baño de la casa en las Orquídeas.

Soy la biopsia del colon que analizan los médicos.

Soy el agua isotónica al cual se aferran los Ruano.

Soy las ojeras de mi madre.

Soy el rostro impotente de Aura Ruano.

Soy la solapa de la bata de mi abuela manchada de vómito.

Soy el hilo de saliva caliente que escupe en el costado de la cama

Soy el sudor que resbala por mi espalda y moja mi camiseta de Pink Floyd.

Soy mis vans sucios caminando luego corriendo luego pataleando en el baño.

Soy mis manos cubriendo mi boca para que el grito no se tatué en toda la casa.

Soy quince sonrisas fingidas cenando alrededor de una mesa.

Soy la desesperación que anida la abuela cuando grita que no diga a nadie que está mareada que sigue vomitando y que se va a…

Soy esa palabra tabú.

Soy mi madre diciendo a las visitas que no mencionen nada que digan que luce bien que la hagan sentir feliz.

Soy dos dedos temblorosos limpiándome los ojos.

Soy el miedo atrapado en un libro de Chuck Palahniuk.

Soy las heridas internas en el colon.

Quiero ser las células cancerígenas que nadan en su cuerpo que no es solo suyo es nuestro cuerpo.

Es nuestro cuerpo el que se enflaquece.

Es nuestro cuerpo el que devuelve todo cuanto come

somos todos con un parche de morfina en el hombro

somos todos a quienes sedan para engañarnos

Lo somos.

 

DE CANCIONES DESDE EL FIN DEL MUNDO, 2017

 

CANTO XII

El complejo de Electra

no me lo he podido arrancar.

He frotado mi cuerpo con lejía.

He expuesto mi piel al sol.

Extraje todos los aparatos de Golgi

de las células que me habitan.

He ofrendado mi esternón

a dioses de otros tiempos

que nos miran

y escupen desde arriba

en la colisión.

Me siento como una niña de nueve años

abandonada por los fantasmas de su cuarto.

Cuando te amamantan monstruos

terminas siendo mejor amiga de la oscuridad.

Nunca tuve miedo padre

pero no quiero desaparecer

sin que los nuevos habitantes de la tierra

escuchen las canciones desde el fin del mundo

y vean el ruido de vivir amando

a tu padre

y que él no quiera

cruzarse siquiera

con tu sombra.

 

CANTO XXI

Los

aviones no aterrizan sobre mi cama padre,

tampoco en mi vientre,

la isla en la que vivo

parece hundirse

poco a poco

con cada persona

que se sube

o intenta vivir en ella

¿ves ese humo padre?

Esa soy yo

incendiándome otra vez,

comiendo vidrio

para no llorar

sobre tu tumba.

Soplando mis cenizas al viento

como se soplan

los dientes de león

en el camino del ombligo a mi  lengua

¿Padre

por qué me heredaste el miedo

y esta herida

que crece como un reptil

amargo en mis sienes?

¿Por qué acostumbrabas

a salvarme del

incubus para luego irte

y condenarme

a dormir con la luz encendida

hasta hoy?

¿Ves el humo padre,

lo puedes oler?

Esa soy yo

incendiándome

otra vez.

 

 

CANTO XXII

De barro y agua

construyo de a poco

la silueta de la casa,

adentro

cientos de ánimas cantan bolero

el olor de la carne de domingo

se tatúa en las paredes:

Mamá no merecía una hija como yo.

Papá merecía ser estéril.

Hermana debió ser huérfana.

Yo no debí nacer.

 

CANTO XXV

¿Qué  se  necesita  para  engendrar  hijas  tristes? /  Me  pregunto  mientras  rasco  las costras  de  la  pared donde tengo dibujado un árbol pérfido / de donde cuelgan como manzanas de carne los rostros de mis parientes / ¿qué se necesita para engendrar hijas tristes? / Me pregunto y el árbol asiente / como si sus ramas  intentaran  darme  un  abrazo /  el  abrazo  de  la  muerte / se  sufría  en  la  vieja  casa  familiar /  las mujeres  dormíamos  con  un  ojo  abierto / con  nuestras  hermanas  adheridas    a  nuestros  cuerpos / para evitar  que  los  primos  nos  tocaran / mientras  escuchábamos  cómo  los   tíos  desvirgaban   a  las empleadas  adolescentes  en  la  cocina /  niñas  arrancadas  de  sus  hogares / al  norte  cruzando  ríos  y subiendo  cerros /  del  tamaño  de  la  casa /  donde  les  prometían  prosperidad  y  seguridad  donde  ni nosotras / las hijas y nietas del árbol lo estábamos / ¿qué se necesita para engendrar hijas tristes? / Me pregunto / y  todavía  éramos  obligadas  a  sonreír / a  estar  alegres / a  recibir  las  bendiciones  de  los mismos hombres que en la noche con nuestras hermanas como prolongaciones de nuestros cuerpos eran los monstruos de los que teníamos que huir / y todavía nos preguntan por qué la rabia / ¿acaso tengo que agradecerle a  mi madre que cobije con bondad la mano que se metió en la inocencia de mi  hermana? / Rasco  la  pared  que  empieza  a  sangrar / descubro  el  árbol  y  emergen  sus  rostros  y dioses / extraigo  mi  estómago  para  evitar  vomitar  sobre  ellos / ¿qué  se  necesita  para  engendrar  hijas tristes? / Se necesita nacer en el centro del mundo / no tan al centro / al norte mejor / se necesita llevar un apellido  con  R / y  creer  en  la  moral  propia / seguir  creyendo  que  es  bueno  que  las  hijas  duerman solas / como  trozos  de  carne  en  mitad  de  la  sabana / Para  engendrar  hijas  tristes  solo  se  necesita  ser madre / y  luego  confesarles  que  nunca  se  quiso  al  padre / que  el  padre  era  un  vicioso / que  hay  que querer  a los tíos  y  a los  primos sobretodaslascosas / aunque ellos descubran colmillos como feroces esmilodontes y  se  disputen  tu  piel / ¿qué  se  necesita  para  engendrar  hijas  tristes? / Me  pregunto / y  lo que  veo  es  el  rostro  de  las  mujeres  que  fui / reposando  amordazadas / en  la  mesa  de  noche  a  un costado de mi cama.

 

CANTO XXX

Canto

por todas

las veces

que tuve hambre y frío.

Por todas las veces

que dentro de mí

una jauría de perros vagabundos

se destrozó sin compasión.

Canto

para que por mi aliento,

que son sus almas

y la de los niños

que nunca asomarán por mis poros

llegue

a la inmensidad.

 

“A la derecha de dios

mi cuerpo semidesnudo se vuelve

para observarlos”

 

Canto

por los unicornios

y becerros mutilados

a un costado de mi casa.

Canto

por las millones de estrellas

sobre la piel de algodón

recién arrancado de la mata

de la mujer

que llora

a tres pasos de mí.

Canto

por el silencio de una gata obesa.

Canto

por las noches,

para que mientras la tierra

se cae sobre sí,

el reloj de mi cuerpo se necrose

como abono de hiedra amarga.

Ayer

la que fui

y la que seré

se descuartizaron

en el filo de mi balcón,

lo que salió de ellas

fue un río

de miel negra

 

Abajo,

seguirá siendo de noche

y mis huesos

eran

plánctones de neón

en la orilla de la playa.

 

Canto

para hacerme compañía.

Señor,

ayer

la que fui y la que seré

se descuartizaron

en el filo del balcón de mi casa.

 

DE  GLORY BOX  (POEMARIO INÉDITO)

 

Glory Box

I just wanna be a woman

¿No lo puedes ver?

Dentro de este cuerpo

vive un ser al que no le alcanzan las horas

ni las palabras

un ser indomable que se come mis huesos.

 

Podrían ser una manada de ellas

desnudas

con el músculo colgando

con los senos tan pequeños como semillas de uvas

I just wanna be a woman 

poder levantar la barbilla al cielo

y que llueva sobre mí toda la ira y

desarraigo

I just wanna be a woman pero soy millones de ellas

¿ahora puedes ver el caos?

¿puedes ver los trece volcanes en mi encéfalo?

 

So don’t you stop, 

being a man

Just take a little look from our side when you can

Sow a little tenderness

No matter if you cry

 

Solo quiero ser una mujer pero soy cientos de ellas.

 

 

Sirena de helio

A Dina Bellrham 

 

Y pensar que detrás de todas esas masas gaseosas / grises

se encuentra el sol

con su mueca perenne de indiferencia

que bajo mi cabeza galopa el caballo

más salvaje de la pampa.

 

Tú y yo somos eso:

millones de partículas

inverosímiles mezclándose en una bombona de gas.

 

Dos cerillos encendidos

consumiéndose y culpando al oxígeno.

 

Un trozo de pan sobre la mesa

que también podría ser un feto

o una mano de bebé

agonizando en la mañana.

 

Dejar que nuestro cuerpo se aligere

Que se vuelva parte de la atmósfera

¿Recuerdas?

 

Tú querías ser una sirena de helio

navegante en la heterosfera

 

Y te tendías sobre el piso de la sala

 

Reptabas

Meneabas tus piernas

y podía observar cómo te crecía la cola

Y te elevabas.

 

Saber partirse comprimirse

Esparcirse en el cosmos

Ser helio

 

¿Recuerdas?

 

ahora

por fin

lo eres.

 

Dummy #9

Hay más de un millón de razones

para estar triste.

 

¡Ven a romperme el mundo!

 

El sonido de mis huesos

haciéndose añicos en tus molares

como los crustáceos

quebrantados

en los rompeolas

Música para esta cabeza desolada.

 

Hay un millón de razones para llorar

y formar un nuevo río

en mitad del cuarto

¿qué nombre tendría?

 

William Blake dirías tú

o quizás

Houellebecq.

 

 

Yo quisiera ponerle Nina

o Rayo del sur

o tal vez Vladimir

 

¿Acaso es necesario estar triste para llorar?

 

Las lágrimas caen

como diosas feroces

y bailan alrededor de mis calcetines

una de ellas se seca en mi camiseta

 

¿lo ves?

Ahora es parte de mí.

 

Basta un poco de ti en mi dedo

para sentirte mío.

 

No tengas compasión.

 

O tal vez deberías aventarme por la cascada

y que un millón de rocas destruyan mi cráneo.

 

¿Imaginas lo verde del río

con una mancha de sangre ósea en contraste?

 

De cubito dorsal

espero la caída

¿no se trataba de esto el amor?

 

Dummy #24

¿Cuál  sería  la  cara  del  tiempo?  / Cómo  serían  sus  líneas  de  expresión  / Cuando  digo  tiempo  una pesada cara vieja viene a mi cabeza / pelos blancos alborotados / ¿El tiempo es caucásico, africano o indígena del sur? / ¿El tiempo tiene hijos? ¿Cómo son? / Ser la hija del tiempo / Se me ocurre alguien paciente con una calma tan grande  que  llena todos  los espacios  que penetra / El tiempo y sus hijos adheridos como dedos / como apéndices / como huesos de oro / El sol-oro-león tan tú / La plata-luna-caballo  tan  yo / Luna  León / guatemalteca  tan  nosotros / Un  híbrido  perfecto entre  hombre-mujer  y astro / El hijo hermafrodita que nunca tendremos.

 

¡NO!

 

El hijo que tuvimos y se quedó suspendido en el aire.

 

¡NO!

 

El hijo de sexos múltiples / Hijo-hombre-mujer-astro-tierra.

 

¡NO!

Las calles dibujan las líneas de tu nariz.

 

¡NO!

 

No quiero que nadie me diga cómo tengo que escribir este poema.

 

¡NO!

 

El  río  tiene  el  color  de  tu  frente / Frente  de  río /  Agua  de  frente /¿Se  cansa  la  acera  de  que  la pisen? / Quiero ir a por ti.

 

¡NO!

 

La belleza de no tener nada / La pobreza como el premio más gordo que me dio la alineación de los planetas en el día de mi alumbramiento / Quiero ir por ti / Buscarte como una casa en mitad de  mis piernas de noche / La noche es el lugar más común / Es por eso mi lugar / Sentirme como alguien de un conglomerado que me regocija / me hace sentir menos sola.

 

¡NO!

 

Tú  ya  no  serás  la  noche / Yo  la  pinté  de  blanco día / Y  ahora lloro / Como  siempre / Tú  lo  sabías y lloraste  por  los  dos / lloraste  porque  yo  no  pude /  aún  no  puedo / la  acera  está  cansada /  le rezo / le prendo una vela imaginaria / no se apagará la acera / ¿quieres que te cuente otra vez los edificios de mis  piernas? /  Mi  muñeca  tiembla / tiembla  como  tus  manos /  amar es  temblar / se tiembla  cuando  se ama / se tiembla porque sí / porque el cuerpo / porque la cuerpa / porque sigo siendo una niña atrapada en  este cuerpo de  mujer / tengo / tiemblo / templo  y todo pierde  el sentido /  ¿te dije que  descendió  júpiter? / ¿Te dije que mercurio reposa sobre el disco lumbar de una almendra? / ¿Te dije que sueño aún  esos  dientes? /  ¿Te dije  que ya no duele  nada? / Ni el  viento que  quemaba mis  fosas / ni  mi piel se vuelve  a  convertir  en  escamas /  el  tiempo  reposa  bajo  mi  uña  / el  tiempo  galopa  una  hormiga  / el tiempo como la espina en  el talón de las  niñas que ya no pueden correr / el tiempo con asperger / el tiempo elefante con sancos / DALÍ / el tiempo se derrite / agua / plasma / lava / piedra / caballo / la casa / Roy Sigüenza / ¿cómo les digo que mis manchas de agua no se quitan? / La mancha / la calle / la acera / la luna león / Juro que al inicio de la hoja / solo quería decir te extraño.

 

 

 

Yuliana Ortiz Ruano (Esmeraldas, Ecuador, 1992). Poeta y Gestora literaria independiente. Consta en Antología La Muchedumbre de tu Risa (Casa de la Cultura, 2014), Harawiq muestra de poesía ecuatoriana y boliviana (Murcielagario Kartonera, 2015). Ha participado en: Festival Internacional de Poesía Enero en la Palabra (Cusco, Perú 2016), Octava edición de Poesía en Paralelo 0 (Ecuador, 2016). FIRAL (Rancagua, Chile, 2016) con Todos tus crímenes quedarán impunes (Fundación Pablo Neruda, Santiago de Chile, 2016). Ha publicado SOVOZ (Hanan Harawi, Todos tus crímenes quedarán impunes, co-edición peruana-ecuatoriana, 2016). Obtuvo la segunda mención de honor en el concurso Poesía en Paralelo 0 2017 con su segundo poemario inédito Canciones desde el fin del mundo.

 

 

SOBRE LOS VERSOS DE YULIANA

 

Hay un libro que lo tengo parado de frente en el estante, no está guardado de lado como los otros, este me mira desde su tapa de muñecas rotas; así lo he colocado, para que me siga por mi estudio, se clave en el ojo cuando me echo a leer sobre el pequeño sofá dedicado a la lectura, se clave en la nuca cuando le doy la espalda y me pongo al afán de las palabras sobre el escritorio.

Este es un libro al que temo, aunque sé que no podría lastimarme su volumen, pues es muy chico y muy delgado, pero le temo por lo que lleva adentro: un torrente de extraordinarias deformidades humanas -las de todos-; un torrente de acosos líricos -tan bien diseñados para cortar-; un torrente de imágenes que son llagas y saltan de la tinta seca para con una exactitud rabiosa diluir la calma por días enteros.

Lo leí ya hace un año y lo dejé, fue imposible hablar de él, me dolía demasiado. Luego lo leí otra vez, y lo mismo, volvió a romperme,  lo cerré nuevamente, ya no quise permitirle más rasguños. En estos días he vuelto a tomarlo, hoy entiendo la forma de acercarme a sus páginas para que no me arranquen uno a uno los bellos de los brazos y las piernas; entiendo que para adentrarme en su torso de papel es necesario un almófar encima, así como también son necesarios la honda respiración y el recelo, un poema a la vez tiene que ser, luego devolverlo a la biblioteca, descansar unos días para retornar a la misma estrategia hasta concluirlo; porque es un libro muy bravo, que da latigazos, de tantas verdades angustiosas, de tanta existencia implacable.

Este texto tiene un título que además es una trampa, SOVOZ  se llama, pero de voz baja no tiene nada, y fue escrito por una poeta anciana de 25 años, quien no tiene más patria que su estirpe, Yuliana Ortiz Ruano, es la practicante de tanta magia, mujer que escribe a duelo con la vida, -como a nosotras nos toca hacerlo-, con ese millón de espadillas que da el sendero para incrustar en los versos. Y ahora, justo cuando he logrado recuperarme de ese impacto de bala que es SOVOZ, me llegan otras aún más potentes, más imperdonables: CANCIONES DESDE EL FIN DEL MUNDO  y GLORY BOX ; entonces creo que otra vez voy a andar rota por un buen tiempo, qué más da, es el precio de la belleza en combustión.

Gran poeta es Yuliana Ortiz, auténtica, desgarrada, directa y metafórica, ardientes sus voces, sus aullidos, hasta sus silencios. Nadie escribe como tu Maga Yuliana, no desmayes, que no te espante el ojo malo, que no te espante la garganta del calumniador, jamás dejes que el pie del mundo te traspase, jamás renuncies Maga Yuliana a este oficio bello y deforme, esto que haces es Fuego. Fuego Puro. ~ Ana Cecilia Blum (Editora Metaforología Gaceta Literaria)

 

 

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmailFacebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail