Profanarle su tumba al amor

Metaforología Gaceta Literaria presenta
los poemas de Yirama Castaño

(Reseña, entrevista y selección de textos por Aleyda Quevedo Rojas)

 

Yirama Castaño (Fotografía Sandra Escobar)

Yirama Castaño (Fotografía Sandra Escobar)

 

 

LO QUE TEJE YIRAMA CASTAÑO,
DESDE EL JARDÍN DE SOMBRAS

Por: Aleyda Quevedo Rojas

 

En el amplio horizonte de registros de la actual poesía que se escribe en Colombia, brilla y emociona una voz impecable, y por la belleza y precisión de sus poemas, también: imprescindible: Yirama Castaño Güiza, (Socorro, Santander, 1964).

A lo largo de los años que llevo de conocerla y leerla, puedo afirmar que ella, la autora y su voz, así como su poesía y sus libros, se han mantenido siempre al margen de los grandes espectáculos, que también posee la poesía y hacen parte de su plataforma mediática y global.

En 2012 Común Presencia Editores, publicó en su colección Los Confabulados, la antología titulada: “Malabar en el abismo”. Se trata de una muy bien cuidada edición que reúne, en 94 páginas, lo más selecto de sus cuatro libros de poesía, escritos hasta ese año.

En 1990, Castaño publica “Naufragio de Luna”, que abre la antología y que además, de ser su primer libro, también fue el primero que leí de la autora, en uno de mis primeros viajes a Bogotá.

Con forma de poema pero titulado: Prólogo, la poeta escribe, lo que para mí es una especie de declaración de principios sobre el oficio de poeta y el sentido de la poesía:

“No tengo la intención del desafío, / ni la premura por un juego de palabras. / No poseo el concreto de la línea en el poema, / ni la lucidez de cifras en la aurora. / No merezco un nombre que autorice / la búsqueda universal en primavera,/ ni la mentirosa voz en la puerta de mi fuego. / No entiendo el coro de ángeles testigos/ en una caída de noches anunciadas, / ni los demenciales silencios / dando el sí en mi costado. / No puedo construir la imagen / a partir del vacío con cerrojo, / ni aplaudir al inventor de la acrobacia/ que finge ser bandera. / Para escribir y amar sólo mis manos”.

Y como soy de las que cree firmemente, que todo primer libro de un poeta, es siempre un libro fundacional, una especie de marca registrada de la estética y la ética de su autor, he regresado a ese primer libro de Yirama Castaño, para destacar uno de los aportes más importantes de su poesía: la honestidad en la vida y en el papel, en la poesía y en el lenguaje, en la noche y en el jardín. Algunos dirían: ser consecuente, de eso se trata gran parte de la vida.

Todos los territorios de la noche y los universos del jardín interior, que Castaño ha convertido en parte vital de su trabajo creativo, también hacen parte de su trabajo periodístico.

Pero es en ese universo suyo de la poesía, donde caben misteriosos y dispuestos para ser tocados con otras caricias y lenguajes: los espejos, el silencio, las despedidas, el invierno, el viento, la noche y la memoria.

Para escribir y amar sólo mis manos.

Las manos de una poeta que en su primer libro teje con sinceridad y equilibrio eclipses y revelaciones, la luz diáfana de la poesía cuando se deja ser…Desde esa óptica, Castaño abre un camino sin regreso, con un primer libro, que resultará decisivo.

En 1994 aparece: “Jardín de Sombras” y la voz poética nos advierte, sobre las profundas indagaciones intimistas en las que buceará:

¿Y qué otra persona podría venir a visitarme/ si quien vive dentro de mí/ no me habita?

 La poeta revela: “La poesía sirve para profanar”, y es ahí donde radica la maravilla de este segundo poemario, porque entra, sin miedos, en la noción fundamental de que en lo sagrado, en la irrupción de la divino o inacabado de toda belleza, reside la obra artística.

Profanar es habitar el silencio
para darle forma de boca roja.

Lo sagrado del deseo, del cuerpo y de la belleza es profanado por el acto irreverente que guarda la poesía.

Hay en la poesía de Castaño un afán de alejarse de lo hermético y de lo solemne. Esto queda muy claro en sus dos primeros libros y se mantiene a lo largo de toda su obra poética, producida hasta 2016.

Yirama Castaño es una voz singular, que adopta sin temores y con mucho ingenio, lo mejor de las tradiciones de la poesía universal y de la poesía que se escribe en Colombia. En ella están ecos fuertes de grandes como: José Manuel Arango, su maestro Fernando Garavito y María Mercedes Carranza.

Pero Castaño es otra y siempre la misma voz que permanece en constante búsqueda, sumergiéndose en las aguas del erotismo, desde la sutileza extrema y la elegancia de una música natural.

El sueño de la otra, aparece en 1997, indagando en el pensamiento femenino y en el amor que condena o salva a las mujeres. Uno de los poemas más fuertes del libro, dice: Por este orificio de mujer / han pasado agujas en forma de luz / que bordaron extrañas historias /. Por este orificio de mujer / salió la estrella fugaz / que lleva el hilo / del deseo y la memoria.

En 2011, aparece “Memoria de aprendiz”, rompiendo un prolongado silencio… aunque dejar de publicar no significa dejar de escribir. En este libro es posible constatar que Castaño estuvo escribiendo y macerando versos, imágenes y una especial música proveniente de paisajes lejanos, países interiores, repúblicas misteriosas y ciudades envolventes.

Elipsis y fragmentación, ritmos y síntesis, filosofías e historias, lugares y mapas interiores, convergen en este cuarto poemario.

Cuando comencé a viajar /, no pude resistir la tentación de parar / en la estación equivocada /…

Y aparece un poema que es un arte poética en sí mismo y que es el que da título al libro: No basta con acariciar palabras /, lo definitivo es dibujar la noche / seguir la línea de su curva / hacia el eco común / o la profunda luz / Tomar la imagen de su pulso / medir la turbulencia / oír su tono / el latido de su adentro.

La poeta profundiza en los quiebres, giros y laberintos del lenguaje. En el placer de retorcer las palabras y sacarles chirridos y cantos, quejas y risotadas, gemidos y balbuceos. La bellísima y poderosa posibilidad de indagar en el lenguaje, esa poderosa capacidad y posibilidad que solo la poesía entrega.

Memoria de aprendiz /, la inteligencia es un juego de distancia /
un dolor agudo / una sutil virtud.

 

 

DIÁLOGO Y DESPLIGUE INTERIOR…

(Entrevista)

 

  1. Hay cuatro libros en Malabar en el Abismo, antología del 2012. ¿Qué cuerdas o hilos tejiste en esta muestra poética, qué caminos del lenguaje profundizaste?

Son los cuatro libros de poemas que he publicado.  Naufragio de Luna en 1990, Jardín de sombras en 1994, El sueño de la Otra (1997) y Memoria de Aprendiz (2011). En los primeros tres, el final del uno anuncia el principio del otro.

  1. Eso significa, ¿que mientras trabajabas uno, ya escribías el otro, dentro de un proyecto de escritura continua?

No precisamente. Sólo que por alguna razón, que no sé explicarme muy bien, ya sabía que en el último verso estaba anunciado el siguiente poemario. Es decir, Naufragio de Luna era la noche, el descubrimiento de la palabra poética, de la imagen en medio de la oscuridad… El libro comienza con un Prólogo en el que sostengo que… “para escribir y amar solo mis manos…”. Después de publicado y sin intención de desafiar me alejé de los grupos literarios en los que me había formado y decidí trabajar en soledad…

Fue casi como un extrañamiento, una necesidad de verme desde lejos y de despojarme de la coraza con la que me protegían las palabras. Naufragio es un libro hermético que termina con un Epílogo en el que afirmo: “Pero sabemos guardar el aliento. Somos quienes piensan en la única oportunidad que nos queda: profanarle su tumba al amor.” En ese punto final descubro que la suerte estaba echada porque yo también tenía que excavar en mí para sacar mi propia voz. Aún lo sigo intentando, no he dejado de buscarla.

Ese verso me animó a entrar en el Jardín de sombras, donde lo primero que hago, por respeto y admiración con el lector es explicar ese verbo, lo que sucede en Mínima para un Malabarista, el primer poema, que en su última línea dice: “Profanar es habitar el silencio para darle forma de boca roja…”

  1. Al igual que Naufragio, Jardín de Sombras me induce a la noche, ¿esa es la zona o línea que los une?

Puede ser, la noche es una presencia inevitable en todos los libros. Pero, Jardín me lleva a descubrir los matices, a salir del rojo fundiéndose en el azul del profundo fuego para despertar en un día gris. Empiezo a recorrer la ciudad que habito y que como en mi país, el clima cambia cada dos horas o de estación en cada calle. Asumo mis miedos e intento vencerlos a través de los viajes. Veo luces que bajan de los viejos árboles hacia mi mirada en plazas de pueblos desconocidos. Me pierdo en esas largas caminatas donde pretendo encontrarme. Lo que más me sorprende son los jardines, que se desbordan por los muros de sus casas con todos los aromas. Y en ese instante las imágenes toman forma y tienen sentido.

  1. Pero en esa exploración que me cuentas, donde la vida parece despejarse para ti, aparece el poema que cierra JardínSiamesas, que habla sobre un duelo a muerte de dos mujeres que son una ¿Anticipas con este poema un regreso a la oscuridad?

No. Sí hay una anticipación pero diría que es a una dualidad que está en todos los seres humanos… De pronto soy dos… La que fui y la que soy…  La que sale detrás de las palabras para mirar lo que hay delante y dentro de ellas… La que no se esconde, pero quiere volverse invisible para observar sin el obstáculo de su presencia.

Los tres últimos poemas de Jardín, Mañana de sol, Ecos y Siamesas, son la catapulta que expulsa su bola de fuego para traspasar la muralla. La imagen del carrusel y sus caballos muertos, despedida de la infancia; la contorsionista saliendo de su caja;  y la lucha entre la vida y su cuerpo, marcan el inicio de El sueño de la otra

Tres poemas largos como sombras antes del atardecer… El primer verso de El sueño de la Otra anuncia lo que va a suceder… “Sé que la mitad de mi está despierta, porque molesta el sueño de la otra.” El Sueño tiene la intención deliberada de hablar con voz femenina en tres tiempos: El sueño de la otra (mi tiempo), el País de las Ausentes (el tiempo de las otras) y las Voces del Adiós (el tiempo de nosotras)…

  1. Luego viene tu cuarto libro. Catorce años después de El sueño de la otra ¿a qué se debe ese silencio tan largo?

Memoria de aprendiz fue publicado después de 14 años de silencio voluntario. Lo que no quiere decir que durante ese tiempo no escribí. Me refugié en la lectura y de nuevo tuve la necesidad de tomar distancia para mirar desde arriba, abajo, delante, atrás y los lados. El silencio en mi caso fue una elección de vida. Hay un ser poético y un hacer poético que deben coincidir. Y eso fue lo que busqué. Atendí mi vocación de periodista y trabajé por un proyecto educativo que consideré importante para mi país. El punto largo del horizonte que miramos todos, que perseguimos todos, a veces exige otro tipo de labor. Somos un país esquivo, en el que todos hablamos a la vez y hacemos a un lado el cuerpo y el pensamiento.

En ese tiempo comprendí que los maestros no solo te enseñan lo que puedes ser, también te hacen entender lo que no quieres ser. Para mi fortuna, yo tuve maestros que me enseñaron ambas cosas.

También tuve compañeros de viaje. De ellos aprendí y sigo aprendiendo. Vuelvo a la poesía con la Memoria de Aprendiz, como en la primera noche del Naufragio, con los mismos amigos y el ritmo del corazón en la memoria. No sé si El Sueño de la Otra dio paso a Memoria de Aprendiz, pero lo que sí sé es que su último verso me recordó que… “este es un paso corto, como el que se da entre la vida y la muerte. Como el que se avanza cuando se acaba un beso”.

Memoria de Aprendiz fue el primero de mis libros en el que apareció un prólogo, escrito por el poeta Gonzalo Márquez Cristo y titulado En la Morada del Silencio. Gonzalo fue una de las personas del grupo Común Presencia, del cual fui miembro y que inspiró el poema Prólogo de mi primer libro. El tiempo conspiró para encontrarnos de nuevo y fue él junto con la poeta Amparo Osorio, quienes decidieron hacer esta antología Malabar en el abismo, en su colección Los  Conjurados.

  1. ¿Y qué viene después, qué otros libros nos esperan a tus lectores, en qué búsquedas estás?

Estoy trabajando en varios frentes. Uno tiene que ver que los juegos y las distancias que ellos marcan; otro en el que quiero quitarme los pesos de mi cuerpo. Yo quisiera llegar a una escritura cada vez más simple, más sencilla. Despojada de todo adorno y ruido… de adjetivo y sustantivo. Esa fue la lección más grande que dejó en mí el poeta Fernando Garavito, mi maestro en la poesía y en el periodismo.

  1. ¿Qué poetas admiras, cuáles son los poetas a los que siempre vuelves y de cabecera?

Cada época tiene su autor. Yo sigo buscando y me dejo sorprender por las lecturas, inclusive las que son anónimas y no están en los libros.

 

POEMAS DE YIRAMA CASTAÑO

 

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EPÍLOGO

 

Pero, sabemos guardar el aliento.

 

Somos quienes piensan

en la única oportunidad

que nos queda:

 

Profanarle su tumba al amor.

 

 

HEREJÍA

 

Que todo se sumerja en ti

como el violeta en lo más profundo del océano.

 

Que la noche te posea

como un amante en busca de su mejor sueño.

 

Que el pájaro se estacione en tu corazón

como sus alas en el viento.

 

 

MALABAR EN EL ABISMO

 

Di mi nombre una vez

llévame, breve,

entre la seda

o la espiral hirviente.

 

Recorre conmigo el laberinto

para no llegar

o para fugarnos en la ceguera.

 

Aunque el año que nos sigue

esté tan lejos.

 

Deja resbalar la tristeza

mientras duermo

dócil.

 

Despojo anciano

sepulcro de la culpa.

 

Deslízate en la cavidad de los lamentos

allí me encuentro

Detenida. Pálida.

En invierno.

 

 

Toma el corcel

y busca mi disfraz

 

Es preciso que te espere

suave, en harapos.

Al margen del poniente.

Agrega un redoble a esta noche

la cumbre de mi sueño está nevada

ligera, feliz.

 

 

FUEGO INICIAL

 

¿Para qué explicarte

el sentido de este verso?

 

Ahora tu piel

muda y sorda,

más que instante

menos que agujero.

 

Yo soy la cuota

del receso inútil.

 

Esperar es concederte

la posibilidad

del

fin.

 

 

EMBRIAGUEZ DE VIENTO

 

La desnuda hora

cicatriza la grieta y la venganza.

 

Un áspero silencio provoca la fiebre,

la delgadez de las cenizas.

 

Basta un soplo

para iniciar el sacrificio de las máscaras.

 

 

EL SILENCIO DE LOS BOSQUES

 

A lo lejos,

un pájaro canta

en honor del dios de los árboles.

Nadie, entre aquellos que conversan,

se ha dado cuenta de la mudez

que mueve sus alas.

 

yirama-castano-poesia

 

 

EL REINO DE SIAM

 

Un pedazo de bambú

la risa es un idioma

 

Una colección de islas

hacen fila

en ruta hacia la memoria.

 

Verde entrando al verde

corazón habitando el cuerpo

 

Me asalta una espalda

y su universo lunar

 

País de seda,

orquídea,

sabor

y aroma.

 

Un ojo se rasga

sobre mí.

 

 

LECCIÓN DE VUELO

 

Si algo que no dije

te persigue.

Entonces,

todo tendrá sentido.

 

 

PASAJERO

 

Desprendido,

suspensivo.

Entre las nubes,

un polvo rojo que se cuela.

 

A diez mil pies de altura,

ninguna mano alcanza para decir adiós.

 

 

yirama-castanoYirama Castaño Güiza. Nació en Socorro, Santander, Colombia, 1964. Periodista de larga trayectoria y editora. Participó en la creación de la Revista y de la Fundación Común Presencia. Sus poemas han sido traducidos y publicados en medios de Colombia y el exterior. Libros de poesía publicados: Naufragio de luna, 1990; Jardín de sombras, 1994; El sueño de la  otra, 1997; Memoria de aprendiz, 2011; Malabar en el Abismo, Antología, 2012. Ha participado en decenas de festivales y encuentros de poesía en América Latina y Europa. Es una de las fundadoras del Festival Internacional de Poesía de Cereté, Montería-Colombia, creado para difundir la obra y la memoria del poeta Raúl Gómez Jattín y que en 2017 cumple su edición número 25.

 

 

aleyda-quevedo-rojasAleyda Quevedo Rojas. (Quito, Ecuador, 1972). Poeta, periodista, ensayista literaria y gestora cultural. Ha publicado los libros de poesía: Cambio en los climas del corazón, 1989; La actitud del fuego, 1994; Algunas rosas verdes, 1996; Espacio vacío, 2001; Soy mi cuerpo, 2006 y 2016; Dos encendidos, 2010; La otra, la misma de Dios, 2011; Jardín de dagas, 2014 y 2016; y las antologías de su poesía: Música Oscura (Andalucía-España, 2004, Cuadernos de Caridemo), Amanecer de Fiebre, (Guayaquil-Ecuador, 2011, La One Hit Wonder Cartonera) y El cielo de mi cuerpo (La Habana, Cuba, 2014, Instituto Cubano del Libro, Ediciones ORTO). 

 

 

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