Últimos Cuadernos

Metaforología tiene el privilegio de presentar Últimos Cuadernos, libro de poemas de Xavier Oquendo Troncoso; en una publicación de Mantis Editores, prestigioso sello mexicano dirigido por el poeta tapatío Luis Armenta Malpica, dentro de la colección “Terredades”. Esta edición es una compilación de tres poemarios publicados anteriormente: “Lo que aire es” (texto completo); fragmentos de “Solos”; y algunos cantos de “Esto fuimos en la felicidad”.

 

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Por Luis Armenta

Cuando hay algo que habita en la palabra, y nos franquea su luz, se desvanecen las máscaras posibles del lenguaje, las rupturas y trazos de los versos más jóvenes. Vencido por el tiempo, Xavier Oquendo Troncoso demuestra que nunca estamos solos, sin dioses ni costillas. Que con juntar las fibras rotas de la vida no se adquiere eternidad y que tampoco es el deseo la orilla sin amor que nos golpea. El autor lo señala de una forma rotunda: “Todos hacemos el amor con el pasado […] Y ya nos divorciamos del olvido”. Pero esto no es verdad: ningún poema miente ni tiene la certeza que creemos. Por el dolor sentimos que una lectura basta para entender un libro. Por la felicidad que nos entrega sabemos que ni el autor ni usted estarán solos mientras lean sus Últimos Cuadernos.

 

 

POEMAS DE XAVIER OQUENDO

 

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EL IGNORANTE

Es la primera nieve de tu vida

Pues ayer no eran más que manchas

De color, diminutos placeres, temores, penas

Inconsistentes, faltos de palabra.

~ Yves Bonnefoy

 

 

 

Por primera vez,

la nieve.

 

Una especie

de reproducción del mundo.

 

Me quedé absorto

frente a los colores

que danzan en su luz.

 

Sentí un miedo tormentoso

y unos ojos

en mitad del frío.

 

¡Desconocida la nieve!

 

En la mitad de ella algo emerge

antes que las aguas lo reclamen.

 

 

LO NUEVO

 

No hay sabor

en estos nuevos sitios

que se hielan.

 

Aún no esa música de bosque

ni esa luz que guía a Diógenes.

 

No hay;

empero,

hay sol

y están los sábados

que llegan lentos,

lentos.

 

Solo dicen presente

los árboles sin hojas,

las ventanas ocres

y unas mujeres ocultas

tras esa lana espesa de frío.

 

 

SOLOS

 

)1(

 

Soledad.

Coraza.

 

Soy tu sobreviviente.

 

El otro que quedaba

murió muy lejos

cuando vio a los pájaros aparearse.

 

Soledad.

Amarra.

Soy tu salvo conducto.

 

Voy con los miedos,

por esos senderos

donde solo parece oírse

cómo reclaman, en el viento,

las brisas que se juntan para amarse.

 

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)2(

 

Yo me acompaño.

Me hago otras gentes.

Voy repartiéndome.

Me doy miedo solo.

 

Me busco, sabiendo

que no hay forma

de que las mesas, por ejemplo,

sean compañía.

 

Ni de que el amor lo sea.

Solo este cuerpo inaudito que soy

como carne

y esta sangre añeja que soy

como vino.

 

 

DE CÓMO UNA PRIMERA PERSONA DEL SINGULAR HACE UN BALANCE A SU VIDA

 

Yo sí quise amar más

a los árboles y a sus pelucas,

a las vértebras del mar

a los cuerpos.

 

Sí quise que me besen, que me muerdan la pulpa.

Quise oler la piel de los pomelos, las lechugas y los pastos.

 

Sí quise ser tomado por el viento

ser su presa sometida, su delgada línea,

su momento.

 

Todo lo quise y mucho. Y siempre. Y por si acaso.

 

Pero me fui haciendo más lectura,

más vinagre

más pasado,

me fui yendo hacia delante de lo que era primero,

hacia la sala vip donde no entra el sol.

 

Y quise calentura,

pero solo hubo un calefactor abandonado.

 

 

ERASE UN CAFÉ CON DOS POETAS

 

Dos poetas se encuentran.

Se buscan como si fueran parte de un juego antiguo.

Se hablan de lo que dejó por ellos la vida y sus matices.

 

Dos poetas se revisan

luego de su experiencia por el fuego

y su largo paseo por la luna.

 

Los dos se han roto un poco

todo el amor. Todo el sabor. Todo.

 

Los dos se han puesto parches,

se han quedado un poco salobres,

un poco suaves. Porque así es el tiempo,

el extremo opuesto del cómplice.

 

A los dos les da miedo el mar. Pero lo aman.

Y se dan miedo. Y se aman.

 

El uno y el otro saben que son poetas

y se alcanzan a decir,

mientras pasa, por sus poemas,

un ángel arrodillado.

 

 

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Xavier Oquendo Troncoso (Ambato, 1972) es uno de los poetas ecuatorianos contemporáneos más reconocidos fuera del país. Su obra ha sido ampliamente publicada en libros y antologías en Colombia, México, Argentina, España e Italia (en este último con la traducción de su libro “Solos” hecha por el reconocido poeta y traductor Alessio Brandolini). Fue seleccionado entre los 40 poetas más influyentes de la lengua castellana en “El canon abierto”, Antología publicada por Editorial Visor, en España (40 poetas en español -1965-1980-). La editorial mexicana Cuadrivium publicó su E-book “Mar inconcluso”, una antología amplia de su poesía. Ha publicado más de una veintena de títulos, entre poesía, cuento, literatura infantil y antologías de la poesía ecuatoriana. Representante del Ecuador en importantes encuentros poéticos y literarios en España, Argentina, México, Nicaragua, Colombia, Chile y Perú. Organizador y Gestor del Encuentro Internacional de poetas Poesía en paralelo cero, con el cual ha logrado posicionar al Ecuador y convertir al Encuentro en unos de los Festivales de poesía más importantes de América Latina (más de 70 grandes poetas internacionales y 120 nacionales han estado en él). Director de la firma El Ángel Editor en donde ha publicado alrededor de 150 títulos de autores ecuatorianos e hispanoamericanos en el que se destacan sendas antologías de los poetas ecuatorianos más importantes como Jorgenrique Adoum (en Colombia) y César Dávila Andrade (en España), así como a grandes poetas de la lengua castellana como Juan Gelman o Luis García Montero.

 

 

SOBRE “LO QUE AIRE ES”

ana-cecilia-blum“…En el poema se atrapa como en una botella, y entonces un soplo se apega al pecho, y desde allí se sustenta todo lo que ya no existe pero que aún existe para ser poetizado como “ese espasmo que se queda con uno / hasta que el efecto eche raíz en el recuerdo”.

Xavier Oquendo nos trae en su más reciente libro una canción doliente y nostálgica donde el poeta trata de explicar lo imposible: su oficio. Y lo explica como “Algo de ese espíritu de árbol y montaña que uno tiene, que uno hereda”. Ese espíritu que lo lleva a recorrer la ruta más larga, más profunda, la ruta hacia adentro, “hacia el instinto de las sombras”.

Desde el dolor y la remembranza se inventa una voz que se enrosca y se dilata en estas páginas, que logra desde su metamorfosis “coleccionar en los sentidos”, en los suyos y en los del que escucha atentamente; porque recordar contamina, y esta angustia y pretérito aquí descifrados someten al lector, lo hace cargar los síntomas de este canto…” ~ Ana Cecilia Blum

 

 

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