PRÓLOGO DE TIEMPO DE SOL

-EL MÁS RECIENTE POEMARIO DE SYLVIA MIRANDA- 

POR CARMEN OLLÉ

 

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TIEMPO DE SOL ( Madrid, Hueso de jibia, 2014)

Solo en la poesía se puede ser hiperbólico, contradictorio, incurrir en opuestos y todo para llegar a la esencia de lo que es difícil nombrar desde el sentido común, desde el lenguaje vulgar. Para conseguirlo, Sylvia Miranda recurre a figuras literarias muy sugestivas como el oxímoron, la contradicción latente, para alcanzar el objetivo, decir lo indecible. Esta meta la diferencia de las viejas intenciones, cuando la poesía se escribía sobre la base de sentimientos e ideas;  aunque ideas y sentimientos también hay en Tiempo de sol que recoge seis años  de la producción de la autora.  Sobre todo encontramos en él un trabajo apasionado con el lenguaje que cobija el enigma. La verdadera razón de hacer poesía estriba en descifrar el misterio de las cosas, de la pasión de vivir, y para ello –valga la paradoja– instalamos otro, el enigma, el cual permite que el poema pueda ser leído diez, cien veces sin agotar su significado.

Tiempo de sol reúne poemas en verso y en prosa, algunos han sido escritos en francés y traducidos al español. Está tramado como un contrapunto, buscando el equilibrio a través de varias discordancias. Las más relevantes en los poemas en prosa precisamente son aquellas en las que a la afirmación sucede una negación:

 

a la izquierda del hombre y del cielo
sin hombre y sin cielo
——–
Ventana
no es una ventana
es un pájaro
——–
esa sola boca
que pareciera abandonada
sin embargo
llena – poblada
minuciosamente tejida
engarzada de tiempo – sin tiempo
de brisa.

 

A ello se añade el uso del oxímoron, la antinomia de los místicos (dos conceptos opuestos se unen para iluminar al lector). Sylvia Miranda  escribe: “desventura de la felicidad”, “deseado veneno”, “calma angustiosa”, “dulce huida”. La autora  emplea asimismo  la hipérbole para fijar emociones, como cuando menciona “fogoso mar de fuego”.

En el poema “Ángel de madrugada en Salamanca” se concentra la potencia de esta parte del libro, Contigüidad de los ángeles, aún más enigmática, pero grácil, con la figura del ángel que ama torpemente y cae. El ritmo peculiar de pronto sube, se encima, y luego baja a una tonalidad más grave. Estos cambios se perciben especialmente en “Cala”, el poema rinde tributo al surrealismo, ya que Miranda es una ferviente estudiosa del poeta peruano surrealista Emilio Adolfo Westphalen.

En “Territorios”, breves poemas en prosa en español y en francés, se mezclan las lenguas, como el mar en la ciudad: La ciudad desaparece en el mar, vuelve a sus orígenes y solo queda una torre. Una mujer rubia en California o la muerta que sale por la ventana son los finales de los poemas en prosa “Pisco” y “Marrakech”, respectivamente. Estos remates ocultos nos trasladan a otro universo, nos llevan por distintos caminos para disfrutar lo arcano de la poética de Miranda. Y la poeta viajera recala en Pisco, un puerto casi olvidado de la costa de Perú. Sylvia Miranda lo consagra -Blanca Varela (Lima 1926-2009) lo hizo con puerto Supe- luego de pasar revista a Marrakech y otros destinos, con una prosa delicada, sutil, donde el desierto es visto como una mujer cansada.

Ángeles, viajeras impenitentes, ojos de espejo, mar de oro, los símbolos personales crean destellos. El libro es un canto al amor que huye, a la pasión que se esfuma y renace; Miranda encuentra en la luz la oscuridad, y nuevamente  un “mar de fuego y de oro” nos abrasa. El contrapunto le da fuerza a este libro, nos pierde y nos libera felizmente. ~ Carmen Ollé.

 

POEMAS DE SYLVIA MIRANDA

 

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Sonido

da tu flor

rompe la bruma

el vacío de los ojos

la amargura – la tempestad  – ayer

Sonido

da tu aroma

inunda la nueva habitación

pon el sol

el sol en el centro del alba

yo quiero mecerme

otra vez

a través

cerrar los ojos

decir

guitarra

arpa

Habana

la a después de la a

y a hasta el fin

hasta encontrar

no hay palabra que valga

amasemos juntos esta pequeña palabra

frágil

divina

olvidada

vivida

lleva tu vida de a pie

tus sueños de amares

tus sueños

único vacío

único beso

canción.

Una rosa puede matarlo todo

instaurar la música

la mañana

devolver la lágrima a su bolsillo

el pez a la gruta

el vampiro a la pecera

tus ojos a mis ojos

– Sol del corazón.

 

 

Ángel de invierno

 

Aquí,

en el décimo primer piso de una torre del mundo,

un ángel

como tantos que caminaron por el tiempo,

un simple ángel – tú –,

hace su vida cotidiana,

toma café y mira hondamente al vacío.

Se calienta las manos con su cigarrillo,

piensa en todo,

tirita.

Al descuido, coge su cartera,

asoma la nariz por la ventana,

despliega las alas,

parte.

 

Sólo un ángel puede entrar así al mercado de las bestias.

 

 

Del manatí y la culebra

 

De vuelta a la estación primera

al lugar y al invierno

como un fantasma sobre las frescas cenizas

apartado de los irrisorios helechos

volcado a las viejas estafetas.

 

El mensaje vuelve a ser enviado

desde la pequeña constelación de icnitas

la luz vuelve a ser la de una página votiva

la indignidad de este peregrinaje se acentúa con los años

la carne enmohece y recuerda ferozmente el apetito

todo verdor se repite

se es joven una vez y a cada instante

llenamos las noches y las madrugadas con esta certeza

burlados los relojes se está en el sueño

marcando la hora del acontecimiento

a la diagonal del manatí y la culebra

al minuto del agua tibia y la mariposa única.

 

Duermo exactamente

como la primera vez y como mañana.

¿Para qué hemos dado tantas vueltas?

Cierro los ojos y deshago la historia.

 

Todos los poemas de Tiempo de sol, Madrid, Hueso de jibia, octubre 2014.

 

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SYLVIA MIRANDA (Lima, 1966). Es doctora en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y reside en España desde 1991. Su primer poemario Como todos anduve en el invierno (Lluvia Editores, Lima, 1990), se publicó con prólogo de su maestro, el poeta Wáshington Delgado. También en poesía, ha publicado Zita y otros poemas (Catriel, Madrid, 2001); Poema del tigre y el mar (Centro de Arte Moderno, Madrid, 2004. Con un grabado de Sylvain Mâlet) y La foudre demain (La Rochelle, Les Arêtes Editions, 2013. Con pinturas de Sylvie Lobato). Poemas suyos están recogidos en antologías de poesía peruana e iberoamericana. Su tesis y otros libros de ensayo y crítica literaria testimonian sus investigaciones sobre la ciudad de Lima y la poesía de vanguardia peruana.

Ha recibido el “Premio Tomás Luis de Victoria” (Salamanca, 1994), por su poemario Zita y el “Premio Novela Corta del Banco Central de Reserva del Perú” (Lima, 1996), por Memorias de Manú (BCRP. Lima, 1997).

 

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Sylvia Miranda, Gastón Baquero y Jacqueline Alencart (Foto: Alfredo Pérez Alencart)