Temporada para Suicidios

Metaforología Gaceta Literaria tiene el privilegio de presentar Temporada para Suicidios, el más reciente libro de cuentos de Manuel Adrián López (Manny)

 

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Pórtico por Mabel Cuesta

Suicidios como mecanismos de autoayuda. Suicidios con sabor a mango. Suicidios por la indolencia ante las cuitas amorosas profesadas a un famoso llamado Alejandro Sanz. Suicidios en la Pequeña Habana; allí en donde la mordacidad es el único látigo que conocen los torturadores. Suicidios de reputación. Suicidios políticos. Suicidios gatunos. Y finalmente: suicidios en masa.

La sátira y la parodia parecen ser las armas con las que Manuel Adrián López quiere desarmarnos esta vez. De Miami a La Habana, sus suicidas recrean las ceremonias funerales salpicadas de intrigas y escándalos que rematan a los muertos (suicidas o no). Son personajes rocambolescos, tatuados mil veces por la saña de sus prójimos antes que por sus propias dagas que los conducen, gustosos, al suspiro final.

Mabel Cuesta
Profesora de Literatura Latinoamericana
Universidad de Houston

 

 

Un cuento de
Manuel Adrián López

“Suicidio en masa”

 

El diecisiete de diciembre de ese año fue decisivo en muchos aspectos. Demasiados eventos se dieron cita ese día, pero lo que más quedó en la memoria de todos fue el suicidio en masa que tuvo lugar a ambos lados del charco. Esto no fue un suicidio colectivo a lo Jonestown en Guyana. Aquí nadie tomó ponche envenenado. Aquí el veneno lo habían ido bebiendo  lenta-mente durante más de cincuenta y pico de años. Yo me incluyo en el grupo. Ese tal diecisiete a las doce y un minuto del día salieron a dar la cara los torturadores de ambas orillas. Uno había estado involucrado por esos cincuenta y pico de años, el otro, hacia como seis que andaba en la jugarreta.

Ya a las tres de la tarde de ese día había empezado el run run del suicidio en masa. De este lado, en pleno corazón de la Pequeña Habana, justo en el estacio-namiento del famoso Versailles, un grupo de old timers que había llevado una vida entera negociando con el dolor del pueblo, se reunió y después de tomarse el último cortadito con leche evaporada se dieron candela. Personajes de la radio se pegaron un tiro, que se oyó hasta en el  Kilimanjaro.

Todos los pederastas americanos blancos que viajaban a la isla para explotar a menores de edad, hembras y varones, pagándoles unos pesos para que formaran parte de la industria porno de este país, se lanzaron al vacío desde el Grand Canyon. El señor empresario que invitaba a cantantes y orquestas de la isla para que llenaran los teatros de la ciudad en un supuesto intercambio cultural, se lanzó al canal Okeechobee donde su carne morena fue devorada por los hambrientos cocodrilos del pantano. Las mulas que viajaban dos y tres veces por semana llevando paquetes que costaban de $20 hasta $30 por libra, formaron un gran círculo en el Hipódromo de Hialeah y se acuchillaron entre sí. Los delincuentes que se encargaban de operar las lanchas rápidas entre las dos orillas cobrándole a los pobres $10,000 o más han sido todos devorados por tiburones que se alzaron en su contra al oír la noticia. La lista de este lado se extiende y no tengo demasiado papel para seguir enumerando los suicidas: debo citar a los de la otra orilla.

Tarde en el día se empezaron a recibir las noticias del otro lado. Una tal señorita heredera de una legendaria marca de ron y supuesta directora de CENESEX, además de autoproclamarse ángel guardián de los homosexuales y lesbianas, fue encontrada desnuda con un vibrador gigantesco y negro introducido en su ano y muerta a causa de una dosis fuerte de barbitúricos.

Yurisleysis tan resolutiva ha quemado su pasaporte pero no se ha suicidado porque ha sido reclutada, once more, para lo que viene. Los falsos disidentes que vienen y van, el Cocopalenque y compañía, han terminado en una fosa común igualita a las que antes usaron dos dictadores que nos han gobernado, pero esta vez ha sido suicidio, no crimen premeditado. Se ha reactivado la red de pingueros y jineteras; han aprendido inglés en cuestión de horas y saben exactamente qué ordenar en los recién abiertos McDonald’s de toda la isla, pero ellos tampoco se han suicidado.

La que sí se ha tirado delante de un camello en plena Calle 23 ha sido la que se vistió de miliciana en su momento y bailó a go-go. Ha dejado al camello lleno de baches y sin ruedas. No ha quedado ni una foto del Che en toda la isla. Dicen que a las doce y cinco se quemaron todas las imágenes que quedaban del asmático. Ya nadie lo recuerda. La presidenta del comité de mi cuadra ha tirado la casa por la ventana; ha asesinado a su marido diciendo que en su momento organizó un mitin de repudio cuando el Mariel. Ahora ella tiene puesto el tocadiscos con la música de Willy Chirino y brinda con tamales Goya. ¡Ay mamá, esto se pone bueno!

Los siguientes días fueron decisivos para mucha gente. Algunos fueron conminados al suicidio; otros como siempre, decidieron cambiar de palo pa’ rumba tumbando a quien fuera a su paso.

Yo, por mi parte decidí cambiar de ciudadanía. Me mudé a otra jungla, por donde nadie hablaba de la dichosa isla ni de la provincia del norte. Aquí nadie conoce a Blanquita Amaro, nadie toma cortaditos, ni conoce la guayaba y el Versailles queda en Francia. Pero todo eso es temporal, porque en cualquier momento monto un timbiriche y empiezo a vender pan con lechón y traigo a Magdalena La Pelúa para que haga un espectáculo como el que está haciendo ahora mismo en Tropicana y entonces sí se forma la revolución.

De los suicidios en masa no se ha vuelto a hablar más en ninguna de las dos orillas. Pero cada diecisiete de diciembre ofrecen misa, a la misma hora, en la iglesia de Santa Rita y en la Ermita de la Caridad.

 

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Manuel Adrián López. Morón, Cuba (1969). Poeta y narrador.
(Puedes leer más sobre el autor en este enlace: Otros textos de Manny)

 

 

ana-cecilia-blumManny es un poeta al que sigo y admiro desde hace rato. Así lo conocí, leyendo versos en Miami y encadenando al lector con la emoción de sus poemas vivenciales, coloquiales, testimoniales. Luego Manny me hace llegar sus cuentos, esa otra voz suya incisiva y con un humor oscuro espeso, pegadizo y contagioso. Temporada para Suicidios no es un libro sobre muertes, es un libro sobre la vida; porque ningún suicidio es un grito de extinción sino de supervivencia, ese ruido urgente de querer existir y no saber cómo hacerlo en un mundo hostil al ser humano hipersensible. En este libro de Manny, muy bien trabajado, encontramos relatos donde la parodia, el sarcasmo y la sátira se hacen presentes con precisión para alcanzar la emisión de un mensaje profundo y provocar el estremecimiento, así y con ello poner en la mesa de la palabra verdades existenciales -de hoy y de siempre- que invitan a una necesaria e impostergable reflexión. ~ Ana Cecilia Blum (Editora de Metaforología Gaceta Literaria)

 

 

Título: Temporada para suicidios
Autor: Manuel A. López
Editorial: Eriginal Books, 2015

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