Los Días de la Pérdida

los-dias-de-la-perdidaENTRE EL AGUA Y LA SANGRE. POEMAS DE JUAN CARLOS VALLS.

Poemas íntimos y confesionales. La partida, el abandono, el amor, el desamor, el éxodo, el hurgarse hondo; en ello todo lo que se arrastra, lo que se viene en la espalda y en el pecho, lo que adentro se agiganta; como los monstruos que advierte Cafavis en su Ítaca no llevar en el viaje, pero aquí la voz poética los lleva, los transporta, y acaso quien puede llevar mejor esos monstruos sino es el poeta.

Ante Los Días de la Perdida y La Soberanía del Deseo se descubre como sucede “la insubordinación del agua” y se sabe sobre “la pálida sangre de lo que se abandona”; así, desde el agua y desde la sangre se teje un canto de encuentros y desencuentros; de extrañamientos cotidianos, derrames, remembranzas y odiseas que se dan en los mares interiores.

Dice la voz: “…Una casa y la otra / y la que no vendrá también la sufres / una casa sin muebles / sin longitud / sin patio / apenas una casa intemporal…”. Y estas casas son los cuerpos, las casas son el país -el anterior y el nuevo-, las casas son las palabras donde se cubre y descubre el yo poético, desde donde emana su nostalgia, la zozobra y el anhelo.

“…Vas como quedándote sin tierra / y en ese no quedarte / en esa emigración casi destino / hay un abismo seco…”. Se hacen presentes y sin mordaza los fardos del desarraigo, el desplazamiento como un mandato, como una carencia perpetua, un jamás hallarse en la nueva geografía hasta ceder inexorablemente al azar y al abismo.

“…Si tuvieras el mar nada hubiera pasado / ni tus cartas / ni tu insatisfacción / ni tu vida de humo…”.  Una poesía hecha de versos que conmueven; elaborada, madura, reflexiva es la poesía de Juan Carlos Valls. Un libro bello, logrado para atrapar todo lo que se extraña, todo lo que se marcha y desvanece como la sangre y el agua, para desde la agonía de la palabra consolidar la permanencia, porque eso el poema: “la muerte única donde permanecemos intactos”. ~ Ana Cecilia Blum

 

He dado con la insubordinación del agua

algo decía que encontraríamos la paz en un sitio remoto
a través del cortante cuchillo
de la herida secretamente hecha en el camino de regreso
cuando pensamos en volver porque todo
absolutamente todo tiene el enfermo olor
y la pálida sangre de lo que se abandona.

¿qué podría salvar de la costumbre?
¿la cruz?
¿el árbol primogénito?

ya lo habíamos dicho
sólo que el agua tiende a borrar hasta el rumor
de las más grandes epopeyas
y hasta puede enfermarse la memoria
y lo que nunca fue del todo opalescente
es un modo de  comprometer la soledad con un fino  momento
y levantamos la pared
y sabemos que dentro quedará el deseo putrefacto
pero levantamos la pared
e inventamos la cal para engordar la transparencia
de lo que muerto parece piedra.

otros dirán “el mito”
“el rostro iridiscente de la fijeza”
mas yo no puedo ver otra cosa que la insubordinación del agua
el gesto apocalíptico que enarbola al caer
la sobremesa en que nos va ablandando y ofreciendo
hasta hacernos sentir esa pasión de tierra ingobernable
ese espejismo
que se vuelve aplaudir y aplaudir y aplaudir
hasta el cansancio tropical y el hipnotismo falso
ay de los leguleyos cadenciosos y los cambistas amarillos
ay del monstruo inocente del tonto propietario.

algo decía que encontraríamos la paz en un sitio remoto
a través del cuchillo cortante
del cuchillo-país
a través de quién espera alzarse con una cena humilde a media noche
y sólo tiene un nombre que repetir
hasta quedarse mudo.

ahí están los altavoces gritando ¡sean felices!
y le han puesto el piso de madera preciosa al restaurante
y las personas suben y bajan
y atraviesan la calle principal con un nuevo destino
¿qué podría salvar de la costumbre?
¿la cruz?
¿el árbol primogénito?
nada.

nada es comparable con el nuevo dolor
nada puede igualar la paz y el paraíso de la nueva moneda.

 

 

Los días de la pérdida

pero alguien habrá que se de cuenta
y me muestre el camino para encontrar mi casa.
Nelson Simón

vas dibujando un sueño
sobre una casa grande que ha dejado de ser tu preferida
vas dibujando un permutar constante
una melancolía
traspasadora a veces de la simple costumbre
que es ir cambiando números
y lugares cercanos
y una especie de afán de permanencia.

vas como quedándote sin tierra
y en ese no quedarte
en esa emigración casi destino
hay un abismo seco
y una frágil provincia que amortigua los golpes
que nadie dice dar
pero que se suceden compasivos y tristes
como los cumpleaños.

una casa y la otra
y la que no vendrá también la sufres
una casa sin muebles
sin longitud
sin patio
apenas una casa intemporal
violenta y confundida por la desolación
de ir cambiando sus fechas
dibujas    desdibujas
a nada pertenece tu equilibrio
encuentras un espejo y ahí ves tus maletas
y tu azar permanente que hasta te asusta y arde
aunque con poca luz
como un fuego imperfecto de linternas
y qué puedes hacer contra el divorcio antiguo
una casa y la otra
y en todas un amigo que no sabe decir que está sufriendo.

si hiciéramos un pacto
si alguien quisiera al menos
indicarme una casa que estuviera vacía
una casa importante en la ciudad
bien cerca del muchacho que en mi mala costumbre se abandona
bien cera de los hombres que no advierten los días de la pérdida
si hiciéramos un pacto
algo que decidiera un sitio verdadero
una raíz
un almidón fugaz de por las tardes.

vas dibujando un sueño
y a nadie se le ocurre que has dormido en los parques
con tal de ser tú mismo
de no hallarte de pronto sin isla verdadera
sin el hogar pacífico que va inventando el hombre
aunque sufra en el fondo la dejadez
y el oscuro país que lo convida.

qué puedo pobre yo contra una casa
quién sabe si en buscarla pase una eternidad
o si ya estoy en ella
o si apenas comienzo a levantar paredes
o quién sabe un país –ay casa mía– del que nunca se parte.
Retrato

este es el poema que debí escribir
para que mi cuerpo sostuviera con fe
la extrañeza de los abatimientos
pero el poema es un estado de quietud
y el cuerpo se deleita y se establece
en los frutos que la demencia impulsa.

palabras de diciembre
dejadme ser con nitidez la huella que arrebata
aceptar que soy el amante inmaduro
que intenta contra su juventud.

de este poema se dirá:
“es el retrato de un amor de mil novecientos noventa y cuatro”
y hasta yo leeré y sentiré
que existió en mí un amor definitivo
un sentimiento oculto para el mismo verano
al que maldije por su excesivo furor
que no era más que otro grano de arena en lo fatal
volviéndose costumbre.
pero el poema sustituye la angustia del retrato perdido
se instala en la sombra del amante que conocimos ayer
lo imita mordiéndose los labios
fingiendo un amor que únicamente ese instante podría definir.

el poema
muerte única donde permanecemos intactos
acaso en él pudiéramos llorar el cuerpo que nunca despedimos
acaso en su condición de témpano se forja la afamada eternidad.
de este poema se dirá:
“es el retrato de un amor de mil novecientos noventa y cuatro”
y hasta yo
que sólo vi en él la fe que sostenía mi cuerpo
contemplaré que parezco feliz
y no podré negar que sostengo muy bien el dolor
de un amante de fin de siglo.

 

juan-carlos-valls-poema

 

Aquí describo el mar

a Norge Espinosa
“…como un arcoíris sin más sangre
que una compañía demasiado propia…”
Lina de Feria

si tuvieras el mar no sentirías tanto la pérdida
de lo que nunca fue del todo verdadero
pero no
tú querías creer en la ciudad
como en el sitio de los recibimientos
como la puerta grande
por donde hacer salir esos versos difíciles
esos fragmentos de piedad
escritos y bordados para el aire.

nada nos cura más que sufrir
aun cuando perdemos la fortaleza en ello
aun cuando saltamos al vacío
y acabamos trocados en la ridiculez
en la doble moral     en la soberbia

amigo mío
todo sueño es un lujo
todo fantasma es el reverso de aquel juego
en el que sosteníamos una verdad
que nunca fue definitiva
tú elige
pero primero llora antes que derrochar tus diamantes en la felicidad
primero sé triste
y guarda para mí ese miedo
a nunca regresar del infinito.

si tuvieras el mar nada hubiera pasado
ni tus cartas
ni tu insatisfacción
ni tu vida de humo
pero el mar no pertenece a nadie
es un símbolo
una flor que descansa sobre un banco de arena.

escribe para mí
inventa para mí otras muertes
semejantes al vicio de la tristeza
pero no dejes de prometerme la fidelidad
no mastiques el tallo de este lirio que significa nuestro amor
nuestra definición de la vergüenza
son pruebas
trampas que pasarás ileso
si sabes entender esas pequeñas marcas en el rostro de Dios

esos hermosos jeroglíficos
pintados para ti por alguien que sufría
y que supo encontrar entre la niebla
unas migas de pan una humilde cabaña donde pasar la noche
y una estufa encendida.

 

 

me escribo cartas como si fuera peligroso contar a los demás lo que pienso de mí. me pregunto si podré responder con la misma sinceridad tantas preguntas que me he hecho con el alivio de saber que ese otro yo no existe. a pesar de que escribo y escribo. a pesar de que en las noches cuando salgo a revisar las escaleras no pierdo la esperanza de que alguna voz responda. ~ Juan Carlos Valls

 

juan-carlos-valls-fotoJuan Carlos Valls (Cuba). Ha publicado los libros de poesía De como en la estación de un pueblo el pretexto del viaje son las bestias (La Habana, 1991), Los animales del corazón (La Habana, 1994), Los días de la pérdida (Pinar del Río, 1995), Yerbas en el búcaro rojo (Isla de la Juventud, 1996) y Conversaciones con la Gloria (La Habana, 1998). Además, sus poemas aparecen recogidos en las antologías Anuario de Poesía Unión de Escritores (La Habana, 1994), Poesía Cubana Hoy (España, 1995), El mapa del país (Chile, 1996), Surtidor (La Habana, 1997) y Alba Cubana (España, 1998), Antología de la poesía cubana del exilio (Aduana Vieja, 2011).

 

Soy un lector apasionado que cuando algo me consigue hace que mis días funcionen con esa atmósfera, con la misma angustia con la que el poeta leído construyó su cosmogonía. ~ Juan Carlos Valls

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