Pasó el mundo ante mí

Metaforología Gaceta Literaria tiene el privilegio de presentar 12 Poemas de Hugo Francisco Rivella, tomados de su libro Poemas en la lengua del sonámbulo , el cual obtuvo el Primer Premio Poesía Certamen Ciudad de Córdoba, 2016

 

 

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AMENAZA

 

Un animal feroz  ante la noche hociqueando mi dentro y mi secuestro,

lo que enceniza al tiempo,

la palabra sudada,

la celda en la que soy su prisionero.

Pulsa la sien del verso,

late como un estruendo de cigarras,

el animal acecha mi esqueleto y el hálito de mi último relámpago.

Yo sé que viene a mí, viene y perviene,

o viene de mil formas  con sus garras,

golpea la puerta cuando me descuido y arremete hasta los últimos rincones de la casa.

 

Poesía,

en la garganta como un tajo,

el animal que eres me amenaza.

 

 

CARTA A UN FANTASMA

 

Me he escrito a mí mismo.                                                                          

Desdoblé las hojas del cuaderno.

Puse un destinatario difícil de encontrar:

Señor Tal…

Señor Otro

Dirección:

El mar…Las orillas del miedo. La abadía del secuestro.

Me oculté en todas partes,

no hubo escalón ni peldaño ni puerta ni sombrero ni espuma

que pudiera esconderme del fantasma que soy.

He enviado esta carta en una botella y

en medio de la mar mi corazón amora.

 

Pasó el mundo ante mí.

 

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BALADA DEL MUERTO ENAMORADO

 

Esa lágrima fue la pequeña furia de un relámpago.

“Debo partir ahora. No me busques. Por lo que fuimos, no me busques”

Luego el silencio. El vacío de la noche.

El corazón en anclas del enamorado.

Me cabe recordar la hoja reseca de tanto escribir la misma frase y buscar otra lágrima para acompañar mi solitaria lágrima.

Encontré tantas que con ellas hice un río

unas veces puede sonar como una música, y otras, como el llanto de toda la galaxia.

Mi padre a la distancia desgarra su corazón,

el grito del fusilado diciendo Viva la Patria,

la niña sometida entre sollozos.

El llanto de mi madre que no puede olvidar lo que no sabe.

Lo que supone sabe.

Lo que sabe.

Lo que íntimamente entierra cada día.

 

Pasó el mundo ante mí.

Lo voracié.

 

Le di una puñalada en el lugar en donde mi cuerpo yacía tendido largo a largo.

 

 

PLEGARIA DEL SONÁMBULO

 

La tristeza se acumula en mis ojos.

Tienen demasiado mirar.

Demasiada cerrazón a la alegría.,

los niños que crecieron de golpe,

las muchachas tendidas en los rincones que el tiempo consume hasta saciarse.

Si me llegara el olvido.

Si amaneciera muerto mi recuerdo no volverían los pasos que repercuten en las calles vacías,

la celda con la cruz y la picana, el alarido de dios ante la muerte.

Pero debo saltar el precipicio por el resto de cuerpo que me queda.

Necesito un poema en mi esqueleto.

Necesito una canción en mi garganta.

 

Una mano que me salve antes que pase el mundo en mis harapos.

 

 

EL ESCRITOR Y EL DESAMOR

 

He borrado el comienzo y el final de los poemas.

Es en donde más mienten los escritores” decía Chejov,

mientras la vida corría por sus pulmones como una flor del cementerio.

¿Con qué pulsión escribe?

¿Quién lo persigue?

¿Quién le daña los ojos cuando la nieve cae sobre los prisioneros?

Amaba a su mujer con el engaño mascullando en sus huesos y bebía Kumis,

igual que yo cuando la tos convulsa arreciaba la noche de mi niñez en Salta.

Leche de burra, y el frío una garra clavándose en mi pecho.

Se cierra el cielo como la puerta de entrada al Paraíso. El ángel se ha salvado de la muerte.

 

Chejov ha empezado a morir sin darse cuenta.

Escribe para los dos extraños que se aman, una canción de amor en los cerezos.

 

Pasó el mundo  ante mí.

Iba goteando.

 

 

POEMA AL OTRO QUE SOY

 

Pude reconocerme en el que pasa como una sangradura de dios entre la gente,

ser un papel,

un trozo de madera esculpida por los años que amarran sus secretos.

Ser quien soy y no serlo.

Reconocerme en la mujer que ama los vientos de mi sangre,

en el hijo que susurra canciones de otras muertes.

Ser un hombre cualquiera,

sin mortaja ni helechos que le crezcan al tiempo de sus muros.

Sentir que soy el otro que pasa y yo lo sigo con la ilusión a cuesta de ser su fantasía,

el viejo en el cadalso esperando la muerte mientras ruge la sangre con todas sus espadas.

Poder decir como Gil de Biedma

lo más importante que uno tiene es lo que tiene en común con los demás.

Pasó el mundo ante mí.

 

Yo miraba el espejo.

 

 

POESÍA

 

Esta manera de buscar viene de lejos.

 

¿Qué es, sino buscar, la Poesía?

¿Sus arabescos?

¿La moral del cuervo?

Afuera estaba dios con sus morrales, contracielo del muro en las espadas,

y el odio y la mazmorra  del aguacero gris de la caída.

Buscar entre la mies y el abismo,

en el desaforado vientre del suicida,

mordisquear la penumbra hasta que un hilito de luz destrabe tanta noche.

 

Maneras de buscar tiene el poeta.

 

Basho habló de la rana huyendo del estanque

y el aire mareando sus ojos desterrados.

 

Pasó el mundo ante mí.

 

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VIENTO

 

Escribo amor con la punta del pie,

y escribo,

luego,

adiós dolor ausencias desenfreno bienquerida ocaso piedra angustia desamparo escribo ungüento sol llama ternura remolino pasión encantamiento

escribo miedo libertad te quiero

 

y escribo viento

y todo se lo lleva

 

 

MINÚSCULA

 

Iba la Muerte, ay sí, iba la Muerte con su larga cabellera de mármol.

No le abras la puerta, dijo mi madre, seguirá los pasos de Dios.

Su soledad.

Regresará cuando sangren las rosas y las espinas hieran los ojos de la luz..

Púlsale el corazón que hiede como un tajo negro.

 

Pasó el mundo ante mí,

su boca roja.

Iba los pies desnudos igual que un penitente,

su rastro era una estela cavando la memoria y subía desollado como un toro de miura. Los ojos del toro dejan un hilito de vidrio sobre el ruedo.

En el torero late la muerte con su aliento.

 

Iba la muerte ay sí iba la muerte. Minúsculo su llanto y su esqueleto. Minúsculo el sombrero y la serpiente. Minúsculo su nombre. Minúscula su estrella. Minúscula su pátina de hielo. Minúscula su sombra. Minúscula su toga y poderío.

Minúsculo su credo

 

y la derrota de inclinarse ante el Hombre sucediendo.

 

 

LA MUCHACHA POSIBLE

 

Cada noche,

alguien golpea la puerta de la casa y sale nuestro corazón a recibirlo.

Extraño el juego que se repite cada día,

porque cada día alguien piensa en el otro,

en un país en donde sea posible la ternura y sea posible un barco en el espejo.

Talla el miedo su atardecer, sus guampas,

aprisiona fantasmas en la voz de la madre que ha dejado caer en el piso sus ojos.

Somos náufragos de la palabra quieta.

Buscamos la luz subida al temporal, los rastros del mañana,

lo que pudo haber sido si dios hubiera gritado que dejaba en el hombre su cuerpo y su eternidad.

 

Cada noche,  tal vez,

en el hijo, uno recuerde lo que fue,

las calles de un país lejano, la sombra del pez y el refucilo,

los años de la piedra en el misterio de la cruz y el castigo.

pero cada noche,

cada día,

cada instante

sabremos que mientras alguien ame hasta dejar de ser,

será posible la Utopía.

 

Pasó el mundo ante mí.

y le toqué las nalgas.

 

 

POEMA DE LA NIÑA Y EL OLVIDO

 

Debo mudar de piel,

dejar de contemplar aquella fotografía donde Kim Phuc corre desnuda mientras grita: quema mucho   quema mucho.

Debo mudar de piel y de recuerdos,

los jirones de mí,

el estrago en mis ojos cuando la muerte se cuelga de mis mamas y me bebe

me late me succiona los días de napalm y locura, el fracking de la piedra

y el río que destripa los socavones donde el niño topo sueña un pedazo de luz

un andrajito de esperanza.

Debo mudar de sombra dejarla aplastadita incorpórea sedienta

tirada como un lengüetazo de vaca yéndose sin piedad.

Debo mudar de hombre

arrojar lo que pesa

(hiroshima, tetlalolco, los desaparecidos, la sala de tortura, los niños mutilados por la guerra…)

acaso sea posible verlo volar todavía.

 

Pasó le mundo ante mí.

 

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EL MUNDO

a Juan Forn

 

Pasó el mundo ante mí… y yo era el mundo cavado por la furia,

la flor que despertaba su esqueleto y la marca del fuego en el pecho de dios.

Fui la canción de cuna que la madre cantaba mientras mecía a su hijo,

el templo de la plaza solitaria del pueblo,

la ciudad con sus calles cansadas,

somnolientas,

la mañana que aturde los barrios pobres y el sol despanzurrado entre gatos y alcobas.

Iba ardiendo la noche su fracaso,

corría por el pescuezo de un caballo de mármol,

le mojaba las piernas a la niña violada y era un soplo sin alma en los ausentes.

Yo era el mundo,

su apenas,

su siemprevivo siendo,

el poema que estorba,

el mar agazapado entre rosas y peces,

la consigna que grita el olvidado,

la máscara de trapo que oculta lo que digo,

la oración que despide al muerto que lo ignora.

 

Yo era el Hombre y el mundo una extraña metáfora que lo desdibujaba.

 

Yo era el mundo pasando.

 

 

hugo-francisco-rivella-poeta-argentinoHugo Francisco Rivella. Argentina, 1948. De una vasta obra poética y musical, ha merecido premios a nivel  nacional e internacional, tales como: el Primer Premio Poesía VIII Concurso Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma y Alba, Nava, España, 2010 y el Primer Premio Poesía  Certamen Internacional Gilberto Owen Estrada, México, 2011. Algunos de sus libros son: Caballos en la Lluvia, 2001; Zona de Otros Días, 2006; Agua de Mis Manos, 1995; Yo, el Toro, 2008; Centro de Tormentas, 2010; Ojo astillado, 2013; Piedra del Ángel, 2012; Espinas en los ojos, 2014;  Antología personal, 2014.

 

 

ana-cecilia-blumCon este son de fondo danza el poeta: “Pasó el mundo ante mí”. Y ha pasado, y Hugo Francisco Rivella lo ha tomado, se lo trajo hasta adentro, llevándolo en su garganta lo hizo poema, lo incrustó allí y desde allí nos lo lanza a la cara, para entrar en la boca, en el ojo, en el pecho roto. Y de todo aquello que pasó ante él quedamos preñados, hinchados para siempre de sus versos redondos, de su ritmo sedoso, de sus destellos extremos. Se hizo el poeta del mundo pasando, me ha hecho el poeta de su mundo pasando. ¡Qué gran libro es Poemas en la lengua del Sonámbulo! Ante un gran vate nos sentamos, nos bebemos el vino rojo de su palabra. Un privilegio conocerlo. Un privilegio leerlo. Gracias Francisco por haber estado bien despierto cuanto el mundo pasó ante ti y decidiste entregárnoslo ~ Ana Cecilia Blum (Editora de Metaforología Gaceta Literaria)

 

 

 

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