Siempre serás tú

Metaforología Gaceta Literaria tiene el privilegio de publicar la poesía de Ana María Iza, abre la muestra un estudio introductorio de Xavier Oquendo. Textos y prólogo han sido tomados de la antología Mi corazón contra las piedras, libro que reune la obra de la autora, editado por en el Ángel Editor en el 2015, dentro de la colección Monstruos y presentado durante el Festival de Poesía Paralelo Cero del mismo año en Quito, Ecuador.

 

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ANA MARÍA IZA: LA INTUICIÓN ES POESÍA

Xavier Oquendo Troncoso

 

Siempre he querido ponerme en los zapatos de la generación de los 60s. en el momento en que Ana María Iza, en el año 61, publicó poemas como estos:

Mamá… ya puedes decir que eres abuela,
Mi hermana la tristeza tuvo un hijo,
Lo envolvimos en húmedos silencios
Y tenazmente le agitó la vida.

Mamá… ya puedes decir que eres abuela;
El pequeño nació hermosamente grande,
Tiene tu misma sangre, sorbió tu misma vida.
Mamá… mi corazón es el hijo del que te habló.

Me hubiera gustado ver las caras de la gente que la escuchaban, cuando aún la poesía escrita por mujeres se consideraba, en este país, como un tropel de metáforas largas escritas por las “poetisas” que llevan vestido largo y zapatos de charol. Ella, una jovencita de 20 años, vino a salvarnos de la edulcorante suavidad de unos versos acartonados.

Iza es la poeta de la intuición. Con ella, la mínima dosis de inspiración y las toneladas de transpiración de las que habló Einstein sudan por dentro. Ella saca el poema, sin que Valery le haga acuerdo que la poesía no está escrita de buenas intenciones sino de palabras. Y cuando emergen los poemas de su mente poblada de un bestiario personal que es su propio dolor, sale ya el poema completo. Me dijo alguna vez la poeta (y no “poetisa”) que los poetas tienen unas antenas en donde se capta todo lo que los otros parecen no ver. Las voces de los otros son entonces los poetas. Y ella es la voz de la salvación. Ileana Espinel y Violeta Luna estaban ya para la época en el mismo camino. Torciendo, ya no solamente el cuello al cisne, sino, además, torciéndole las plumas, el esternón a todo pájaro modernista que aún sometía a la sensibilidad femenina con el espectro de una voz matizada con originalidad y desparpajo.

Creo que “Pedazo de nada” (1961), el primer libro de Ana María debería ser considerado como uno de los más importantes libros de una poeta iniciática o, como diría Jorge Enrique Adoum, de una poeta principiante y no aficionada. Da envidia leerla tan jovencita en vida y con tanta condensación en su discurso. A esta poeta le suena el dolor y el humor al mismo tiempo. Le suena con la misma levedad lo que concierne y lo que  desconcierta. El poema “pedazo de nada” del libro primerizo (y nada prematuro) da fe de su dolor ambientado en la clave de su estilo. Cuando habla de la hermana que no tuvo dice:

Hermana…
Sin arterias, sin hambre, sin pestañas;
Partícula de pájaro sin canto.
Hoy que tengo para ti un vestido,
¿Crees que te lo hubiera dado
Si existieras…?

Tremendo fragmento que descubre sin cosméticos lo que es la debilidad humana, y lo es ser humano de verdad. Con Ana María se hace humo el adagio de Nietzsche cuando dice: los poetas mienten demasiado, habría que decir que Iza encuentra sus mejores hallazgos en la sinceridad de su discurso. Y como El estilo es el hombre, entonces en esta sinceridad poética hay tela para cortar. Solo la verdad es originalidad, el resto es una ficción indebida. Pero, en este poema, no solo es la verdad el vestido que guarda para la hermana y que no se lo entregara si existiera. Es también lo que esta voz poética, desacralizadora y absolutamente desligada de la hipocresía, dice sobre su hermana: le dice, por ejemplo: partícula de pájaro sin canto. El verso, solo él, íngrimo en una hoja blanca, ya sería un poema, escrito con la madurez de los 18 años. Escrito cuando los otros niños (hombres y mujeres) juegan, cantan, gatean en el miedo de conocer que sus fantasías son puro mito infantil.

EL DOLOR, SU PRIMER COMPAÑERO Y SU ÚLTIMO HALLAZGO

Ana María pasó revista por el dolor desde muy temprana edad (lo dice en uno de sus  poemas: Si no lloviera tanto por mis ojos/ me sentara es escribir… y no pudiera…). Y con ella se confirma que el dolor es la vitamina de la poesía. Y por eso le sale esto de partícula de pájaro sin canto.

En este poemario inicial donde ya se dibuja la pronta Ana María que crecerá, también hay unos ojos abiertos (ella diría “antenas”) que miran desde “la ventana” como literalmente se llama unos de los 25 poemas que conforman el libro, su vena social. Su poesía engarzada en un dolor junto. Donde todo se veía, todo se sabía, todo se dejaba notar, solamente moviendo las cortinas. Allí ella confiesa lo indefinible, que además es muestra de su estilo. Ella, como Julio Cortazar cierra siempre sus poemas jugándole a la poesía un N. K. un golpe preciso. Dice en los últimos versos de su poema: Todo esto yo pensaba en la ventana/ y sin ninguna razón/ me mandaron cerrarla.

Es una mujer que mira las cosas diferente. Que asume su condición de adolorida y que, como dice en su poema “Cédula”: Le gusta la bondad de los humildes,/ la caridad del pobre/ y el mundo le avergüenza;/ tiene brazos de sal/ para abrazarse,/ necesita de urgencia una salida…. Por suerte la salida de su vida fue la poesía: pudo tranquilamente suicidarse, encerrarse en un convento de monjitas o quedarse aplastada con el diablo adentro  y no encontrar exorcista barato que la atienda.

Le dolió el mundo y aprendió a verbalizarlo. Solo lo que se nombra, existe. Lo no nombrado es lo desconocido. Ya lo dijeron los hebreos: Que Dios se hizo verbo. Conclusión: si Ana María no escribiera creo que estuviera muerta. O loca. O, por lo menos, en estado vegetativo. He ahí el asunto de la intuición. Ella no hace doctorados para hablar lindo, a ella le salió el ritmo cuando la vida le enseñó a decir las palabras. O como diría en un bello poema. Bello por terrible y verdadero:

A una escuela de monjas me enviaron,
como un papel en blanco dentro de un delantal.

Allí me enseñaron las primeras mentiras
y un deseo infinito de sentarme a llorar.

El abecedario era sencillo,
del tamaño de una hormiga era la a,
pero yo la hallaba difícil,
porque la monja era una letra
que no me entraba.

Me decía que la vida era un caldero
donde hervían sin compasión las lágrimas.

Ella tuvo razón,
pero no debía decirlo,
no debía.

Y aquí estoy,
escribiendo lo que ella me enseñó:
malas palabras.

Ana María no quiere llegar con su poesía a bifurcar el canon, ni a impresionar a los críticos ni a cercenar a los semióticos con su giro vanguardista. Ella quiere decir cosas que, de tan sinceras, resulten surrealistas. He aquí un fragmento de su poema “Deseos”:

Con esta piel que no me deja un rato,
Con esta piel azul
Cosida a llanto
Quisiera hacer zapatos
Para los pies descalzos.

Su segundo libro se llamó igual que el primero. Tuvo en 1963 una nueva edición en Caracas, en donde incluyó una serie de poemas, entre ellos: “Saludo”, un texto donde otra vez, la madre de la voz poética vuelve a aparecer: Mamá mía: mi santa, mi profesor, mi guía./ Hace un rato he llorado/ porque no puedo lavar la tierra que usted pisa,/ porque no puedo regalarle nada,/ porque no tengo más que palabras en la vida…. Otra vez dolor, sinceridad y referencias irónicas. Otra vez la poeta transparente. La mujer de las antenas.

EL REGRESO

Con el poemario “papeles asustados” (2005), Ana María vuelve a su antiguo vaivén. Como buena poeta probó las dosis legítima de lo experimental, pero regresó con esa fuerza inusitada de la poesía tangencial, con el yo de su nombre. Dice su poema “La piel analfabeta”:

Yo hubiera escrito este poema
si mi cuerpo hubiera vivido este poema,
si la escuela de tu carne
no se hubiese cerrado
dejando mi carne analfabeta.

Y aunque siga buscando, se halla a ella misma en todas partes. Ella es el poema que busca. Porque ella se reclama a sí misma. Porque si parafraseamos a Becker: vuelven las golondrinas a los nidos de los balcones. Y Ana María se encuentra en el medio, arrimando a la poesía que la ha mantenido siempre en la forma en que ella mantiene a sus hijos, con el dolor aupando, con el sonido, con la soledad y el frío y la azarosa compañía. Su poema “Amantes”, hermoso texto vallejiano, en su concepción existencial. Con él nos puede dibujar como la poesía, a costa de lo sea, será lo que nos haga hallar a Iza siempre. Porque creo no equivocarme, su poesía es para siempre. El texto dice:

Acompaña a la mosca la pata,
a la estrella otra estrella,
al hueco lo redondo,
a la teja otra teja,
a la taza la oreja,
a la oreja el zarcillo,
a la cama la almohada
(y si ya no hay almohada,
un sueño sin camisa).
A la lengua el lenguaje,
al pasaje el turista,
a la dicha lo alegre,
a mí,
la gota de agua
que se escapa del grifo.

Ojalá algún día nos prestes tus antenas, Ana María Iza.

Xavier Oquendo Troncoso
Poeta ecuatoriano. Director del Festival de Poesía Paralelo Cero.

Quito, 13 de Febrero de 2009

 

 

POEMAS DE ANA MARÍA IZA

 

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EL HABITANTE DE LAS PRADERAS RUMIANTES

 

Cuando el estómago está satisfecho

al corazón le parece la vida menos dura.

 

¡Oh, Tonto Corazón!

Una roja manzana te seduce

más que cualquier pintura neorreal,

ante un plato prosaico de sardinas

te pones a dar saltos de alegría;

hablas bien de la vida

y mucho más.

Pero tienes razón:

Eres de carne,

de sed, de sangre y sal.

Envuelto vienes en el papel del hambre

y con hambre infinita de infinito te vas.

Comamos, corazón, aunque sea huesos;

bebamos, corazón, aunque sea el vino

de las uvas más verdes que nos dan.

¡Solamente los ángeles viven de armonías!

Pero tú, corazón, vives de pan.

 

 

 

CÍRCULOS

 

Regresa Ana María

con su cara de “yo si fui”

a decir lo mismo,

sin lograr inventar otras palabras.

 

El mundo de ayer no fue bonito,

pero el de hoy tampoco.

 

Antes se cortaba telaraña

para sanar la herida,

ahora se corta de una vez la herida

porque no hay telaraña.

 

Pobre Ana,

buscando con su linterna a Diógenes.

 

Quiso hacerse valiente y comió pólvora

sin saber que el azufre es cobardía,

quiso hacerse paloma sin ser ave.

¡Tonta María!

 

Regresa,

pero esta vez más sola

porque el mundo ha crecido

y se han hecho gigantes los enanos,

dinosaurios, las piedras del camino.

 

Las estrellas parecen más distantes;

Himalayas azules los domingos.

 

Regresa Ana María.

 

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ESCRITO PARA SIEMPRE

 

¡Óyeme Jehová!

Tú que no habitas templos

ni cuarteles:

después de tantas mentiras

he llegado a conocer tu Nombre

y a saber que no eres judío

ni banquero.

 

Una vez tuve cinco años

y una ola gigante iba a comerme.

Yo estaría en el vientre de la espuma,

pero la ola reventó entre tus dientes.

 

Hoy que aprendí a escribir

-vestida de minúscula-

me acerco a agradecerte.

 

Yo

que no tuve nunca quien me quisiera mucho,

quien jugara conmigo a estar de a buenas,

envidiaba la dicha de las rosas

por durar solo un día en los floreros.

Sin muñecos de aserrín

ni osos de peluche

trenzaba para jugar, mis dedos.

 

Sin embargo

largas cartas me hiciste en los crepúsculos,

-convertiste en juguete mis desvelos-.

Por ti tuve vacaciones,

días libres,

caballos incansables de indómitos ensueños.

 

Lianas y remolinos me elevaron.

Yo conozco el envés del firmamento.

 

¡Qué muñeca de aserrín estúpida,

qué oso,

qué patín, qué felpa!

 

Me divertí como nadie con la luna

blanqueando en mis balcones sus luceros.

 

Qué bueno fue ser tonta.

Por ti

me contestaron las estrellas.

 

Jehová

te llamo para decirte

que tengo cinco años todavía.

 

Y de las olas gigantes me defiendas.

 

 

ANTIGRAVEDAD

 

Vuela a pescar estrellas alondra ionizada

la alta noche ha crecido el colmo de los colmos

Por la atroz escotilla lo que provoca es irse

sacándoles la lengua sin fe a los tiburones

 

Qué tiene que ver contigo

la embraguetada sombra

que erecta te persigue como un hombre

Jamás han de alcanzarte sus espermatozoides

si aproximas tus cantos al vuelo de los Dioses

 

Deja que la basura siga con la basura

aunque las dos se crean dos blancas mariposas

Ya las verás prendidas bajo sus negras llamas

 

Ni llores ni sonrías por su lejano humo

 

Vete a pescar en aguas de astros derruidos

quizás pesques la imagen de los seres futuros

 

Y cuéntales la historia tal cual la verdadera

cuando la noche se hizo el colmo de los colmos

 

 

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LA HEREDERA

 

A Alicia Caviedes Fink,

con mi amistad de siempre

 

El fuego se fue en el río

y el río se secó

Con qué nos taparemos carne mía…

¡Aunque sea una hoja que nos lanzara Dios!

 

La casa es una fiera de ojos amarillos

danza sobre la cama con sus patas feroz

Cuelga como una lágrima la herida lila

 

Jamás en mis dominios quiso salir el sol

 

Porque soy la heredera de la nieve y el frío

aprendí a hacer hogueras

frotando mi corazón contra las piedras

 

 

LA FUNDA  DE  PAPEL

 

La funda de papel sobre la mesa

ignora que es funda de papel sobre la mesa

 

No grita

no odia

no maldice

Ignora si vino de algún trapo

de esclava

meretriz

o poetisa

Pero yo que reniego

dudo

maldigo

que en plena luz del sol me asaltan pesadillas

Yo

que digo que soy yo y ni se lo que digo…

me contenta no ser funda de papel

sobre la mesa

y saber que me colma un gran vacío

 

 

LA MALETA

 

Nunca amé más a una maleta:

abrazadas las dos tras un armario

con miedo a que despierten en la pared

los retratos raros;

parecíamos dos niñas pequeñitas

aturdidas de susto y sobresalto

 

Ella

al fondo descosida

yo

los labios apretados

 

Ella

una mota de polvo en la mejilla

de su cutis de raso

¿dónde andará ahora mi maleta…

hoy que tengo de nuevo los labios apretados…?

 

 

LAS AGRIAS MARIPOSAS

 

A la escritora Elsy Santillán Flor,
con mi afecto

 

A una escuela de monjas me enviaron,

como un papel en blanco dentro de un delantal.

Allí me enseñaron las primeras mentiras

y un deseo infinito de sentarme a llorar.

 

El abecedario era sencillo,

del tamaño de una hormiga era la a,

pero yo la hallaba difícil,

porque la monja era una letra

que no me entraba.

 

No encajaba en mis sueños,

me sabía a dentífrico,

más que una monja me parecía un cirio,

un gnomo,

una madrastra,

una araña,

un suplicio.

 

Me decía que la vida era un caldero

donde hervían sin compasión las lágrimas.

Ella tuvo razón,

pero no debía decirlo,

no debía.

 

Y aquí estoy,

escribiendo lo que ella me enseñó:

malas palabras.

 

 

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Carta a mí misma

 

¿Recuerdas

cuando era el teléfono un pájaro

cantando en el alambre… ?

 

Nunca creíste

que sólo se trataba de un vil artefacto.

 

Eras insoportable.

Por eso hasta quisiste un lunes

regalarte.

 

Tenías la mirada llena de barcos.

Dabas de comer

a los perros del parque

y te sabías de memoria el número

de árboles,

a fuerza de ser viento,

de ser hoja,

de husmear

no sé qué estrella entre las ramas.

 

Eras

un raro espécimen,

una degeneración futura,

un grifo siempre yéndose,

ya ni sé qué decirte,

eras

algo bastante feo que me gustaba.

 

Te pregunto,

por preguntarte,

porque sí,

porque llueve

y algún entremetido te ha empujado:

¿Qué harías si te dejara libre,

si de un manotón quitara la montaña …?

 

De ley

irías a refugiarte en la ternura,

a estrellarte en el borde de un retrato.

A escabar en el suelo un sucio anillo

del que nacieron rosas,

lombrices,

telarañas.

 

Tú,

siempre serás tú.

 

No habrá abracadabra que te cambie.

No habrá reencarnación que te libre

del lodo de los sueños.

No habrá forma

de librarse de ti

ni estrangulándote.

 

Oye:

no vayas

a suicidarte.

Me es indispensable tu presencia:

triste,

desafiante.

 

Terminada en punta

-como una hoja-

detrás de la ventana.

 

 

ana-maria-iza-poeta-ecuadorAna María Iza (Quito, 1941) Poeta. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, ha ejercido su labor de periodista sobretodo en la en radio. Consta en las más importantes antologías de Ecuador y América Latina, como por ejemplo Poesía Viva de Jorgenrique Adoum; Diccionario de literatura española e hispanoamericana de Ricardo Gullón (España); Joyas de literatura ecuatoriana de Hernán Rodríguez Castelo; Literatura Ecuatoriana de Ernesto Proaño S.J.; Antología cósmica del Ecuador de Rodrigo Pesantez Rodas (México); Between the silence of de voices de Alicia Caviedes y Tedd Mayer; Los cien mejores poemas ecuatorianos de Sergio Núñez, entre muchas otras; Poetas de la Mitad del Mundo, Antologia de poesia escrita por mujeres ecuatorianas de Ana C Blum y Sara Vanegas. Ha obtenido importantes premios nacionales con su obra poética como el Premio Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño convocado de Diario “El Universo” de Guayaquil en los años 1967, 1974, 1984 y 1995; Premio único El poeta y su voz (Manabí, 2003); Primera bienal de poesía Juegos florales (Ambato, 1995).  Su obra poética está contenida en los siguientes volúmenes: Pedazo de nada (1961); Lírica Hispana, (Caracas, 1963); Los cajones del insomnio (1967); Puertas inútiles (1968);  Heredarás el viento (1974);  Fiel al humo (1986); Reflejo del sol sobre las piedras (1987);  Papeles asustados (1994);  Herrumbre persistente 1995; Papeles asustados (2005); y Poesía Junta (2009).

 

 

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