12 Poetas Ecuatorianos

Metaforología Gaceta Literaria presenta Modelo 1972, 12 poetas ecuatorianos, antología de poesía publicada por Valparaíso Ediciones.

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MODELO 72:

UNA GENERACIÓN DE ASOMBROS Y DESENCANTOS

Por Federico Díaz Granados

modelo-1972-12-poetas-ecuatorianos-antologia-poeticaEl poeta francés Henry Michaux nos recordó que “Aquel que no ama las nubes / que no vaya al Ecuador”. Y algo de verdad entrañan esos dos versos que nos convocan desde la poesía a asomarnos a ese país de nubes y montañas, de mares y selvas que configuran una maravillosa geografía en la mitad del mundo, allí donde el planeta se parte por una línea imaginaria donde todo suele ser más leve.

Y es curioso que siendo el Ecuador la mitad del mundo todavía desconozcamos, inclusive en países tan cercanos y fronterizos, tanto de su historia, de su arte y de su literatura. En mi caso, por ser un curioso ratón de biblioteca, Ecuador resultaba algo tan cercano que hacía parte de mi vecindario y de mi primera cartografía de afectos. Y es que sus nombres me resultaban tan familiares que Chimborazo, Pichincha, Riobamba, Galápagos y Cotopaxi, entre otros, podrían configurar lugares de mi mapa nacional o, a la manera de Alberto Manguel, en toda una guía de lugares imaginarios o literarios. Pero existían y estaban cerca y algunos libros de la biblioteca de la casa o del colegio traían noticias de su luz. De igual forma los libros de historia, en los capítulos relacionados con el periodo de la Independencia, hablaban del misterioso encuentro entre Simón Bolívar y José de San Martín el 26 de julio de 1822 episodio que le ha permitido a la literatura fabular sobre lo que realmente ocurrió en ese misterioso diálogo.

Ya en mi bachillerato leí a Jorge Icaza y su legendaria novela Huasipungo cuya travesía del dolor indígena de los Andes ecuatorianos podría ser perfectamente el mismo retrato de las penurias de las comunidades aborígenes de Colombia, Bolivia o Chile. Ahí su universalidad y vigencia. Luego llegaron nombres como los César Dávila Andrade, Jorge Carrera Andrade, Benjamín Carrión, Pablo Palacio, Alfredo Pareja Díezcanseco y los inolvidables Miguel Donoso Pareja y Jorge Enrique Adoum, de quienes fui cercano en los últimos años de sus vidas y pude celebrar sus trayectorias y obras.

Pero esta historia de afectos y vecindades tuvo su recompensa inicial en 1997 cuando la editorial Eskeletra organizó en la ciudad de Ambato el Primer Encuentro Internacional de Escritores evento al que asistí en compañía de maestros y amigos como Antonio Cisneros (Perú), Rafael Courtosie (Uruguay), Juan Forn (Argentina), Tabajara Ruas (Brasil), Pía Barros (Chile) y mi compatriota Fernando Cely Herrán.

Allí, en medio de las jornadas, además de mi reencuentro con Jorge Enrique Adoum, Pedro Jorge Vera y su esposa Alicia Viteri, conocí a escritores como Raúl Vallejo, Iván Oñate, Galo Galarza y Gabriela Alemán con quienes cultivamos a lo largo de los años posteriores una amistad sólida y cómplice en las letras. Pero la poesía y el destino suelen sorprendernos constantemente. En dicho encuentro conocí al poeta Xavier Oquendo Troncoso con el cual establecí desde el primer instante una hermandad alrededor de tantas sintonías vitales, lecturas comunes, maneras de entender la poesía, el respeto por los maestros y por nuestras tradiciones y quien me deslumbró no solo por su talento sino por su infinita generosidad. Desde ese primer abrazo me habló de los jóvenes poetas de su país, de las filias y fobias, encuentros y desencuentros y de los vasos comunicantes de las nuevas voces con la tradición y sus contemporáneos, del papel de las editoriales y los festivales. Este joven poeta de Ambato tenía 25 años por esos días y hablaba con la propiedad y la seguridad del que conoce a profundidad el tema que expone, de quien ha leído y habla desde el afecto y el criterio propio.

Y así he tenido el honor de caminar junto a él en tantos proyectos y de ser testigo desde cerca de su crecimiento como poeta y como crítico, de su papel destacado como antologista, editor y gestor cultural. Sus antologías (editadas en diferentes países) me han permitido entender la fuerza de una tradición que tiene tanto para decirle a la poesía que escribe en español. Su editorial me ha revelado nuevos nombres y su festival me ha mostrado la vitalidad de la poesía en la mitad del mundo.  Por eso cuando leo a los doce poetas que integran esta antología sus voces me resultan tan familiares y de entrecasa como si hablara de mis condiscípulos del barrio o de mis amigos de la patota del parque.

Y es que eso son cada uno de ellos: los amigos de mi barrio de la poesía con quienes comparto estéticas, lenguajes y temas  y lo confirmo cuando leo el Manifiesto inicial y compruebo los móviles y propósitos de esta antología como lo son el afecto, el rigor poético, la mirada compartida del mundo y la literatura y la fraternidad como escudo ante el horror y la adversidad.

Por eso esta antología es una apuesta y un testimonio que nos comparten doce poetas nacidos entre 1971 y 1973 y quienes encuentran en el territorio de la poesía el mejor pretexto para dejarnos una crónica vital de una generación que vio derrumbar a fines de los 80 y comienzos de los 90 muros, utopías, sueños mientras el continente se debatía entre la velocidad del neoliberalismo y la multiplicación de la pobreza. Por eso resulta curioso que un libro que muestra un tono de escepticismo en muchos de los poemas incluidos y donde se proclama una Generación del nuevo desencanto se llame precisamente Con los ojos también maravillados. Es la respuesta de la poesía ante las dificultades de la vida y de los tránsitos humanos.

Sabemos que 1972 fue el año en el que un golpe militar derrocó al presidente José María Velasco Ibarra en el llamado “Carnavalazo” y que en medio de la inestabilidad política y la dictadura nace el boom de la bonanza petrolera en Ecuador. Eso nos dicen los textos de historia política. Wikipedia nos recuerda que Emelec se coronó por cuarta vez campeón del fútbol profesional y la Liga Deportiva Universitaria de Quito descendió a la segunda división. Y el poema del extraordinario poeta boliviano Gabriel Chávez Casazola nos recrea que fue el año de El último tango en París y de El Padrino, y en el que Bobby Fischer derrotó a Boris Spassky en el match mundial de ajedrez, entre otros episodios.

Pero también nos recuerda el poema algo fundamental: fue el año en el que Marco Antonio Campos refuta a Neruda. Y es que aquellas contradicciones al poeta mayor de América resultan piedras fundacionales para una generación de poetas nacidos no solo en 1972 sino en la década de los 70. Era una manera cariñosa de responderle a un padre y tomar distancia. De manifestar gratitudes y tomar camino propio. Marco Antonio Campos es hoy uno de los poetas vivos más destacados de la lengua española y su generosa labor de traductor también nos ha permitido releer voces esenciales de otras tradiciones y lenguas. Neruda sigue siendo uno de los puntos cardinales hacia donde apunta nuestro idioma y la poesía de todos los tiempos a quien se lee como se lee a un clásico. Esa refutación más que un acto parricida fue un reproche cariñoso a un gigante.

Estoy seguro de que el lector encontrará en cada uno de los doce poetas que integran este libro un mundo propio, una voz segura y un talante verdadero. Porque eso son estos poetas: la certeza de unas vocaciones verdaderas y hondas que bajo una misma sombra de un tiempo adverso pero también hermoso eligieron un destino definitivo y común: la poesía.

Si el antecedente más claro de esta antología La voz habitada permitió ir tomando la temperatura a esa “Generación del nuevo desencanto”,  esta antología “Modelo 72” nos mostrará un panorama más claro y sólido de la poesía ecuatoriana de hoy. Una generación partida no solo por una línea imaginaria en el globo terráqueo sino tajada entre dos siglos, entre dos milenios atroces pero entrañables.

Así y solo Con los ojos también maravillados podemos mirar hacia el porvenir conscientes que quien se asome a esta casa de múltiples voces no solo amará las nubes sino a ese pequeño país en extensión y gigante en su poesía que es el Ecuador.

 

CON LOS OJOS TAMBIÉN MARAVILLADOS 

12 Poetas Ecuatorianos

Sandra de la Torre – Pedro Gil – Juan Secaira – Freddy Peñafiel
Xavier Oquendo – Franklin Ordóñez – Ana Cecilia Blum – Marialuz Albuja
Carlos Garzón – Julia Erazo – Gabriel Cisneros – Carmen Inés Perdomo

12-poetas-ecuatorianos-generacion-modelo-1972

 

 

SANDRA DE LA TORRE
(Quito, 1971)

 

Y recogiste los restos de mí

que clamaban desde el suelo

el rostro en tierra

lo que quedaba del rostro

postrados mis ojos

desperdigados mis dedos buscando de qué asirse

la carne remojada en sal

 

El acertijo de las siete vidas

barro hecho de nuevo para quebrarse

y volverse a recoger en la caricia

de las manos que habrán de convertirlo

en restos desperdigados por el suelo

asidos a la desesperanza

 

Hoy

no sé hasta cuándo

soy barro recogido y puesto en la alacena

 

(De Andinismo en la azotea, 2014, Inédito)

 

Dormía

el pulso en ralentí bajo la piel antártica

las manos en cruz sobre el pecho

como el escarabajo bocarriba de Szymborska

con esa sonrisa que ignora el devenir

los pies juntos, libres del acoso de sus huellas

 

Dormían las ramas, las hiedras, las amapolas

a pierna suelta, con desenfado silvestre

cien años, cien bosques, siempre

dormía el castillo sin el chistar de las puertas

ni el rubor de la estufa o el tic de las horas

 

Dormían los pajes, los reyes, el centinela

dormía su ansia en el fondo del pozo

 

Y ese endiablado galope tronó en la calma

destejiendo telarañas hasta la última alcoba

besó la Poesía los labios inmóviles

y nunca más nadie pudo dormir

 

(De Andinismo en la azotea, 2014, Inédito)

 

 

PEDRO GIL
(Manta, 1971)

 

Orfandad

 

nadie mancille

mi dignidad de miserable,

ninguna tía se oponga

a mi noviazgo con la Escoria,

ningún desodorante

desinfecte mis abrazos,

ningún dentífrico

lave mis besos,

porque el Señor no olvida

a sus pequeñitos.

guardo en mi mochila

sus bendiciones

aparte

de la orfandad visible en mi semblante

y mi ropaje.

 

nadie como yo

para enrostrar lo Vergonzoso,

por eso mis parientes

mueren de vergüenza.

 

¿qué opinan ustedes?

a los míos voy

y los míos no me reciben.

pero avanzo

bajo una nube de moscas

¿o es una nube de amor?

avanzo,

espero un cheque del cielo,

un vehículo para viajar

y encontrarme a mí mismo.

 

avanzar y esperar,

vivir hasta que a Dios le dé la gana.

nadie mancille

mi dignidad de miserable.

 

(De Los poetas duros no lloran, 2001)

 

Si suicida fue mi esfuerzo por  perderme,

suicida es mi esfuerzo para encontrarme.

Estoy confinado

en el patio interior de la locura

“una locura sana”.

(¿Ella dirá “mi hombre”

a sus amigas?)

tiembla mi cráneo / mi cuerpo / el piso

pero no me voy de aquí

“Yo me muero como viví”

lo canta Silvio Rodríguez

si viví

removiendo excremento

¿para qué morirme así?

Yo no nací

para morir en La Poza.

No, yo me muero como nací.

Sano,

robusto desde los pezones de mi madre.

Nací para pelear contra el feroz ogro

del espanto

convulsión esta repulsiva convulsión

es peor que los infartos económicos

que la silueta del atentado asesino.

Angelitos medicados vengan,

ayúdenme.

tres ra para el poeta

!ra! ¡ra! ¡ra!

Pedrito ganará

¡ra! ¡ra! ¡ra! ¡Pedrito!

suicida debe ser mi esfuerzo

por encontrarme.

 

(De Crónico, 2012)

 

 

JUAN SECAIRA
(Quito, 1971)

 

La piel y la manta

 

La piel como una manta apretada

cobija los huesos, los latidos

y, con esfuerzo, alberga un origen, un embrión.

 

Somos una broma pesada

espuma de una cerveza antigua;

números viejos, repetidos, inertes.

 

Solo la piel se mueve

busca, rompe, desgarra.

El resto es una bolsa llena de aire, de vacío.

Sin salida

buscamos alrededor, saciamos

el hambre, la gana en otras pieles

anónimas, antónimas, vulgares,

y luego

continuamos la búsqueda

de nosotros mismos

en un círculo rijoso

con la única compañía

de la manta que nos cobija, nos aprieta y nos castiga.

 

(De Construcción del vacío, 2009)

 

Aparatos

 

Quiero ser esa rotura

un color recorriendo el rostro como la necesidad nimia

una voltereta una línea borrosa.

 

Se trataba de hacer mapas con la travesía personal eludiendo

atisbos de queja o reproche.

Aquel aparato para registrar lo que se intuye

no hace parte del esquema convertido en vida.

 

Emprender vuelo y quedarse en el filo de otro abismo danzando movimientos olvidados.

 

Sistema de naufragios y contiendas solitarias donde plenitud y abandono

se prolonguen en actos de amor

donde el alimento sea invulnerable.

 

Decían: había cadáveres tumbados por ahí y una herencia fenomenal

la escritura con k con j con uve con ñ con los opuestos de algún otro lado

defunción en una tarde soleada para vivir en medio

abajo o al lado de tanto espacio.

 

(De Ribera de cristal, 2015)

 

 

FREDDY PEÑAFIEL
(Quito, 1972)

 

quirófano

brazos abiertos

crucificado

una luz que enceguece

gente corriendo por todas partes

organizando vendas, algodones, gasas

un anestesista sonriente

te pregunta

a qué te dedicas

burócrata piensas responder,

pero le dices poeta…

él se sonríe

mira la aguja

y mejor te duerme…

 

(De Transitares, 2013)

 

la poesía debería dejar de hablar de recuerdos

debería ponerse banderas

salir a la calle

gritar por tiempos nuevos

tener hijos en los parques públicos

distribuirse en libros de colorear

dibujarse rayuela bajo árboles de sombra

disfrazarse manzana en los tiempos de recreo

 

la poesía debería hablar de tiempos nuevos

de cómo romper los versos y licuarlos con plantas medicinales

para caminar sanos por las vidas que nos quedan

 

la poesía debería hacerse ovillo de lana

para que jueguen todos los gatos del mundo

 

debería hacerse, ella solita, una red  para funambulistas solitarios

para sonámbulos e insomnes

 

debería prohibirse que la palabra recuerdo aparezca en un verso….

 

(Inédito, 2015)

 

 

XAVIER OQUENDO
(Ambato, 1972)

 

ANTES DE LA CAZA

 

A mi padre

 

Quiero encontrar el lugar

donde ubicarme.

Entro en la vecindad

de voces que me dicen:

ve a buscarte lejos,

en los andenes de las penas,

ve a ponerte en fila con los astros;

deja el poema un rato,

y reconoce los olmos.

Piensa que ya estorbas y no sirves,

que de grande uno se trastroca

y se consume.

 

Mamá ya no prepara bien las cenas,

no hay comida hasta después del día.

 

Ve a buscar el círculo vicioso

que pueda hacerte hombre

en el insomnio de los días.

 

Vete y no vuelvas

hasta después de la caza.

 

(De Después de la caza, 1998)

 

DÍCESE DEL QUE QUIERE DECIR ALGO
Y EN LUGAR DE “AQUELLO” DICE “ESTO”

 

Qué será de buscar

para ser un poco más.

Que será de tomarse,

de masticar.

Qué habrá que elegir en estos asuetos:

si salir, si quedarse inflado en todo

lo que aire es.

Si ver el mar de frente

o por plazos.

 

Qué será de conocer, de decirle al otro,

de elegir con la lupa.

Qué se podrá probar con el oído.

Que tendremos que gritar,

que callar, que someter.

 

A dónde se han ido los deseantes de algo.

 

Solo Esto se ha quedado aquí.

 

Y está dormido.

 

(De Lo que aire es, 2014)

 

 

FRANKLYN ORDOÑEZ
(Loja, 1972)

 

MANUEL

Vale la pena haber nacido /  solo por oír pasar el viento, dice Pessoa.

Yo prefiero  las cadenas de tus labios,

Tus manos como garras,

Tu esperma por mi sangre.

 

(De A cambio de monedas o palabras, 2007)

 

OFRENDA

 

… para ti mi sangre,

mis arterias (en pedazos)

mi boca que ciega ya no retrata cuerpos ni paisajes.

… para ti mis huesos,

del fémur haz una flauta y canturrea mi nombre,

bebe la sal de mi cráneo y yo

con voz de hueso poetizaré desde tus adentros.

… para ti mis palabras,

reinvéntalas, llámame gato y acaríciame con tus

lenguas…

 

(De Augusta patientia, 2015)

 

 

ANA CECILIA BLUM
(Guayaquil, 1972)

 

POSESIÓN

 

Nada es nuestro.

Siquiera la sombra

que se hace de uno mismo

con sus infinitos verbos mudos.

 

No son nuestros ni el poema

ni la tinta que lo escribe,

tampoco la tierra en que se nace

en la que se morirá.

 

Sin ofrendar la huella

nos vamos diluyendo

hasta convertirnos

en vapor de día frío

libado por el espacio.

 

(De Áncoras, 2015)

 

SER DE AIRE

 

Torbellinos entran

y salen de esta casa-cuerpo

a cualquier hora.

 

Vórtices

me arrastran a otros mares.

Corrientes

colman mis alforjas de otra arena.

 

De vendavales se hace mi trayecto.

De tornados mi memoria.

 

Todos los huracanes del mundo llevo adentro.

 

(De Áncoras, 2015)

 

 

MARIALUZ ALBUJA
(Quito, 1972)

 

Aquí serás

en medio de la noche

 

te perderás jugando entre las piedras.

Las contarás despacio, repitiendo

la cifra que te entreguen sus esferas.

 

Aquí veré tu cuerpo desterrado

las huellas que tus pasos corretean

ese dolor que siempre busca el centro

pues ya conoce de miserias y de pérdidas.

 

Aquí serás

en medio de la noche

canto del agua que al llegar se entrega.

 

(De Paisaje de sal, 2004)

 

A las arpías que abundan,
como almas en pena,
agostando la vida.

A ustedes nadie las soñó

sobre una hamaca traspasada por la sombra.

Nadie las hizo de palabras

en un tejado que, infinito, sobre el mar se dibujase

y sé que nadie se acercó hasta sus heridas

para besarlas en silencio al otro lado del dolor.

 

Por eso logro despegar casi invisible

esta mañana en que me quieren lanzar piedras a la espalda.

El aire es presa del perfume a santidad que me ha quedado.

Y ni siquiera puedo verlas señalando mi caída.

Voy, deslumbrada, hacia la luz

que el cielo ha abierto para mí de par en par.

 

(Inédito)

 

 

CARLOS GARZÓN
(Quito, 1972)

 

HERÁLDICA

 

¿Hacia qué miserables campos del honor

nos aventuramos los poetas?

¿A quién legaré la espada de mi lengua,

si todas sus conquistas las recuerdo amargas?

¿Qué vano emblema coronará mi lápida,

ahora que sobre el crisol de la página

el oro retorna al dominio de los óxidos?

¿Exhumará la memoria cualquier vestigio,

alguna ínfima certeza,

o, si al nacer de los labios de la ausencia,

lo que perdure no sea más que el silencio

iluminando estas líneas cuando muera?

 

(De La voz habitada, 2008)

 

CIMA DEL SUEÑO

 

Del viento,

el humo se defiende en espirales,

mientras piadosas manos enlazadas con el cielo

apaciguan los astros.

 

Abajo,

sobre un nido de rocas,

desdichados amantes que ardieron con la tarde

vislumbran ya en sosiego el vuelo hacia otros cuerpos de sus almas migratorias.

 

¿Por qué no haber intentado enjaular aquel destino

cuando soñamos que unas aves muy diáfanas,

ajenas al clamor de sus terrestres celadores,

se perdían en la noche?

 

Ascendamos también nosotros:

los amados, los siempre solos,

hasta esos nevados lechos de nuestros amantes que se fueron

y descansemos en el regazo de quienes todavía duermen.

 

(De La voz habitada, 2008)

 

 

JULIA ERAZO 
(Quito, 1972)

 

palabra

 

tus poros tus caras tus fracturas

tus azules tu granja de lunas

tus cigarrillos tus tacones

tus abrigos sin mangas

tu invierno descalzo

tus uñas torcidas

tu hipotermia

tus cristos

tu polvo

tu luz

 

(De Verbal, 2008)

 

rendición de cuentas

he doblado mi ropa
el gusto por las zapatillas que bailan solas por el espacio
la compañía del medio día

queda intacta la lluvia sobre la piel
también los rayos que destrozan los relojes

he dejado allí la costumbre de construir las casitas de papel
las casitas de palabras que ya no habito

he dejado olvidadas unas cartas que escribí cada día desde el primero hasta el último
y el deseo de volver por ellas

se me ha perdido el cielo

el abrigo nuevo
cuelga al lado de un letrero de “está en venta” que se mece al compás de otras miradas
(el placer de que sea así respira en el fondo del cajón sin llave)

pulí la música del pensamiento que estrella caracoles contra mis sienes
(dejé notas para casos de emergencia)

ahora tengo pelo transparente en todo el cuerpo
un jardín que escatima caminos para los pañuelos

no me quedan monedas para el regreso
pero tampoco el dolor de los tobillos

ya va llegando el tren con el invierno
su sonido tapa las voces y la risa y el humo del café

me abandono en esta línea

me dejo en paz en esta estación
sin punto seguido
pero con paréntesis para los destellos de la noche

 

(Inédito, 2015)

 

 

GABRIEL CISNEROS
(Latacunga, 1972)

 

PRETEXTO

 

Debí haberte desarropado

cuando la luna era cactus,

sin el pretexto de un porqué;

en la alquimia estática de tus visiones

para que respires mi epidermis.

 

Debí haberte vuelto camino

en la peregrinación

de mis santos a tu culto;

no guardarme las culpas

en el escapulario desteñido

y sin sonrisas.

 

Círculo hueco

algo te rompe, te subyuga.

 

¿Dónde están los huesos,

la cueva de nuestra prehistoria,

las imprentas adoloridas

que mataron nuestra simiente

entre sus linotipos de plomo?

 

¿Dónde encierras los desvaríos,

la intensidad de tanta vida?

 

Cataléptica soledad

la expiración calla

y somos parias,

extraño tic-tac

de sal en el desierto.

 

Cartuchera para todos los suicidios,

no, no te amo y sin embargo

volaría todos los trenes

por tenerte en el apéndice

de mi poniente.

 

(De Peregrinaje y Raptos, 2006)

 

MIÉRCOLES

Vuelve a doler con el viento.

Abeja suspendida

en las flores maltratadas

que se aferran a la acera.

 

Estampilla,

que esconde una epístola

de amor.

 

Vuelve a romper el corazón

con la música de los nardos;

un día 

su magia de escapista

se desvanecerá 

y podré tomarla

en la copa de un sombrero.

 

Tal vez sea miércoles.

 

Miércoles,

holocausto

en la mujer que canta,

y al medio día

inventa noche.

 

Miércoles,

no hará falta que sea domingo

o volver de la muerte

para sentir la carne y los huesos.

 

Miércoles en otro cuerpo,

el mundo con otros ojos

la lluvia con otra alma.

 

Morir ajenos

como dos fronteras de mar.

 

Tal vez sea miércoles,

el día

que olvidemos los puntos suspendidos del paraíso

y en esta tierra

sin más ventanas

podamos recibir al sol sobre la hierba ajena.

 

(Inédito, 2015)

 

 

CARMEN INÉS PERDOMO
(Esmeraldas, 1973)

 

CUERDAS PARA EL OLVIDO

 

Antes que el recuerdo fuera una piel enlutada,

antes que la llama atenuara sus lenguas

y que tus manos ciñeran mi talle,

deshojaste los versos

en la albura de la página.

 

Antes de trizar mi cuerpo con tu ausencia,

recorriste el monte nublado de mi deseo.

 

Y con la furia del viento

ataste a mi pecho

tu recuerdo.

 

(De Tempestad en la Floresta, 2013)

 

PRESAGIO

 

El bosque cierra sus párpados y me encierra. – Jorge Teillier

 

De nuevo, día y noche

caminan juntos sobre techos mojados

como santuarios de pueblos.

 

Junio,

mar descalzo,

luna de cristal, geometría espesa.

 

El silencio es penumbra,

solo aparece tu risa despojada

 

¿Qué sueño te hace zozobrar

a la deriva del crepúsculo?

 

Como gato de luna,

habitas en la lluvia,

lánguido,

vacío.

 

Detrás de mis párpados,

emerge esta ciudad apolillada.

 

Mariposas revolotean

en torno al fuego

y no hay cantos del tiempo.

 

Abro los ojos:

tu voz ya no tiembla.

 

(De Tempestad en la Floresta, 2013)

 


*CON LOS OJOS TAMBIÉN MARAVILLADOS; verso del poema 1972 de Gabriel Chávez Cazasola, poeta boliviano nacido en el mismo año.


 

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